Anécdotas de barrio

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El cuento es un género complejo que implica, por parte de quien lo escribe, un esfuerzo muy particular en busca de la tensión necesaria. Ya Borges decía que el cuento era mucho más preciso que la novela al carecer de palabras innecesarias que pudieran constituir “rellenos” que en nada favorecen a la trama. Con estas palabras de Borges el lector podría hacerse una idea respecto a la dificultad que implica escribir un cuento, al tratarse de un género que dispone de un espacio limitado en el que cualquier error puede echar a perder una buena idea. En Virgen y otros cuentos, del debutante narrador sampedrano Kalki Martínez, se percibe un claro deseo por crear historias en las que permee la sencillez y la sorpresa; sin embargo, el autor no parece lograr trascender la simple anécdota en lo que narra.

Los cinco relatos que integran esta colección parecen tener mucho de pretenciosos. Y con la pretensión hay que tener cuidado, pues se corre el riesgo de no alcanzar los estándares autoimpuestos, como puede percibirse en estas historias, en las que los hechos narrados aspiran a ser más de lo que realmente son.  Parte de esa pretensión se percibe en el uso de los epígrafes que, principalmente si se es un autor novato, pueden convertirse en un elemento en contra ya que su uso implica un desafío, si no de superación, al menos de estar a la altura del autor citado.

Martínez utiliza dos epígrafes en toda la colección, el primero acompaña al relato “El rostro del amor” y se trata de un fragmento del poema “El amor, el amor” (1958) de Michel Houellebecq, quien tiene una escritura muy marcada por el tema del erotismo visto sin tabúes. El relato de Martínez aborda el tema erótico y agota sus recursos centrando la trama en la infidelidad conyugal; sin embargo, ésta se desperdicia al referir una historia predecible cuyos intentos de erotismo resultan escasamente amenos al recurrir al estereotipo y al estar muy poco trabajados. Un buen ejemplo de lo anterior se encuentra en el patético intento de seducción por parte de un marido hacia su mujer, una acción y una reacción muy predecibles que producen un efecto cómico innecesario:

“De vez en cuando a través del espejo lo observaba, él reía seductoramente y le tiraba un beso para convencerla. Vení, amor, le decía. Ella sonreía porque le parecía gracioso cómo la adulaba, tonto, balbuceó, y comenzó a maquillarse. Él se acarició bajo las sábanas.” (pp.29)

El segundo epígrafe, una reflexión filosófica, tristemente pertenece a Kafka: “Oh, bastante esperanza, infinita esperanza, sólo que no para nosotros”, y si aludo a la tristeza es porque ese epígrafe motiva al autor de Virgen… a desarrollar un cuento con pobre contenido y escasez de recursos estilísticos. La complejidad y el elevado deseo por comprender los misterios del corazón humano y sus debilidades, cualidades de la obra de Kafka, terminan aquí apenas sirviendo de marco referencial a una historia grotesca y melodramática.

En este relato quizá la acción más reprochable resulta ser el martirio al que se somete al personaje de Suyapa, jovencita de dudosa reputación con un pasado muy apegado al cliché y que carece de cualidades que la conviertan en una auténtica heroína. Un personaje tan estereotipado, como casi todos los del libro, seres ingenuos o vacíos con actuaciones pobres en tramas simples, difícilmente desarrolla empatía en el lector, y lo que éste podría sentir, en cambio, es algo parecido a la repulsión, un sentimiento alimentado, por ejemplo, por las descripciones y acciones en las que Suyapa participa, como la de la escena que describe su cadáver: “Mientras la movían pude verla por primera vez desnuda. Vi su torso, sus nalgas, el vello escaso. No, no era ninguna mariposa como dijo sino una oruga rayada de las que dan asco” (pp.46).

Dejando a un lado los epígrafes, el autor desarrolla historias muy lineales que no trascienden la anécdota de barrio, lo que las vuelve terriblemente aburridas, como ocurre con el resto de los cuentos cuya lectura resulta tediosa y sus tramas previsibles.

La técnica resulta esencial para transmitir lo narrado en una obra de ficción. En literatura, la anécdota como tal carece de importancia sin el empleo creativo de los recursos formales. Es probable que la novatez le haya impedido a Martínez en este primer libro, de varios que anuncia en la segunda solapa, darse cuenta a tiempo. Sin embargo, no se puede decir que todo aquí haya caído en saco roto: hay que rescatar el interés del autor por las historias basadas en hechos cotidianos, que van desde una infidelidad hasta situaciones tan complejas como la inocencia de los niños que poco a poco descubren el amor y el valor de la confianza y el honor. Quizá a partir de sanas intenciones como esa pueda verse en este autor una evolución en el futuro, siempre y cuando no olvide de nuevo que en el ABC de la literatura de ficción las anécdotas contadas no valen mucho si no están sustentadas por el buen manejo de los recursos formales y por la transformación que con ellos pueda hacerse al lenguaje.

2 Comments
  1. Sindy Johana Garay says

    Hola, me llamo Johana Garay, estudio en dos universidades (CURN/CEUTEC), y tuve la suerte de leer recientemente dos libros de cuentos, La caida del mundo y Virgen. No soy una gran lectora, pero debo decir que me gustaron los dos. Debo decir que Virgen me impactó mucho, no había leido un libro, ademas lo lei rápido, sus ideas son muy claras, y las historias que me costaron soltarlas, cosa que no me paso con la caida del mundo donde a veces llegue a creer que los cuentos estaban incompletos, aunque el relato del travesti y el de los muertos me gustaron mucho. No veo en esta nota de doña Gabriela objetividad, por ejemplo ¿Qué son cuentos lineales? o ¿Suyapa era una heroína? Yo no los vi así, creo mas bien que el libro Virgen es un logro por contar tan buenas historias, redondas, sin cabos sueltos. El autor fue a un conversatorio con nosotros y fue muy interesante escucharlo, no creo que como Alma dice arriba, el escritor se sienta humillado o avergonzado, de hecho yo ya espero leer sus próximos libros, serán exitosos.

  2. Alma says

    Aclaro que voy a escribir desde mi cama y con tan solo 3 horas de haber dormido, por si mis palabras no son amables.
    Siempre he pensado que la mayoría de los críticos literarios en Honduras o al menos SPS, son bastante crueles y rapaces al hacer su crítica, pareciera que sienten que entre mas rapaces son, más listos, leídos o expertos son, como la vieja creencia de los catedráticos de la UNAH que entre mas reprobado mejor maestro y me atrevo a decir que es un error. No entiendo exactamente cual es el objetivo de la crítica, pienso que es quizas dar un pequeño bosquejo referente a la obra, hacer referencia a la técnica empleada, si quizas dar algunos consejos de mejora pero sobretodo, no matar el deseo del escritor de seguir haciendolo. No es necesario humillar o avergonzar y arrancar de una la motivación para que no solo el, sino muchos más escriban, quizás no grandes obras de arte, pero si sigan expresandose y pongo el ejemplo de Islandia, país en donde al menos 1 de vas a 10 personas pública un libro, con esas cifras, no creo que todos esos libros sean muy buenos, obviamente habrán buenos, malos, muy malos, excelentes, etc. Pero hay un mercado ya desarrollado para la literatura con actividades relacionadas como festivales entre otras cosas porque el objetivo es motivar, enseñar, hacer soñar. Como dije, quizás estoy errada en mi percepción de lo que una crítica es, pero independientemente, podemos bajarle dos rayitas a la soberbia y arrogancia y ser más humildes, porque nunca se sabe cuando estaremos contándole las alas a un excelente escritor.

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