El país indefinible de la ausencia

0

Una despedida. Samuel Trigueros. Ediciones Nautilus. Tegucigalpa, 2016. 77 pp.

Lo primero que viene a mí al leer la novela Una despedida, de Samuel Trigueros, es la conciencia de que, imponiéndose a la trama, destaca, con todo un despliegue de posibilidades, el lenguaje elegido para contarla, una tremenda capacidad verbal que se evidencia en las consecuencias casi físicas con que este autor revela la palabra.

La elección del lenguaje, aquí, es la construcción misma de la realidad sublimada, a veces, y en otras, la realidad descrita con una maquinaria de precisión poética implacable. Con esas palabras Trigueros traza en Una despedida su descripción de la desolación y, consciente de su fuerza metafórica, embellece sin condescendencias elementos de lo prosaico que en principio parecieran imposibles de evadir. El propio súper-yo del autor lo va confesando en varios pasajes del texto, poniendo en boca del personaje principal –Carrillo, un furibundo pintor- lo que él ya determina: “No podía permitir que su proyecto final se estropeara por la desgobernada roza de la ira”.

Y es que Una despedida es la narración de aquello que no se dice en los encuentros dentro de la tierra de nadie de los sentimientos familiares. Pulsa en su centro la mole de un puente que une y desune, en una frontera perdida del globo, a una familia separada por la guerra honduro-salvadoreña de 1969, la brutal extrañeza de una situación insostenible en el tiempo donde un padre de origen salvadoreño es expulsado por las autoridades militares, quedando al otro lado, en el país indefinible de la ausencia, lo que provocará posteriormente, y ya en la adultez de Carillo, la decisión, casi mórbida, de ir en busca del padre perdido. Poco a poco, y narrado en una fina digresión que sirve de separación capitular, el padre se va perdiendo de vista hasta diluirse o interiorizarse en el dolor que hará del hijo un vertedero de ecos y esperas. “El pasado es una presencia insobornable. Hubo una vez alguien que estuvo. Luego hubo su ausencia”. Con esta ausencia, Carrillo define su propia capacidad de amar y de despedirse de su novia, historia alterna que articula la novela hasta llegar a un final inesperado por su violencia. Nos encontramos así ante dos conflictos que provocan la separación: la de la guerra y la de la imposibilidad de amar con plenitud.

Quizá Una despedida sea la primera novela que aborda, tanto en Honduras como en El Salvador, el frente interno-emocional de la guerra de 1969, y si así lo asumimos, sabremos dar con un auténtico documento sobre el terreno donde los ejércitos creyeron vencer las profundas raíces que se cortaron y que nos dejaron como legado un rompecabezas que aún determina a los dos pueblos enfrentados. La probada capacidad poética y narrativa de Samuel Trigueros indaga en ello, con múltiples recursos que van desde el verso puro, la imagen cinematográfica, hasta la prosa más depurada que bien podría ser la de un Milosz muy nuestro, extasiado, en algunos momentos, por la inercia de su propio roce con el papel. Toda la crudeza descrita desde el entorno de grave pobreza material sufrida en la infancia familiar se ve enriquecida en cada página con detalles maestros que desde ya le dejan a la novela hondureña un aporte sólido del cómo la dimensión del lenguaje elegido es fundamental para elevar nuestra universalidad.

Una despedida no es solo un breve colibrí (¿gorrión?) que retrocede al pasado, es un definitivo paso adelante del autor dentro de la apuesta del lenguaje y de la ficción auto-referencial, porque lo demás –como lo afirma el mismo Samuel Trigueros- “fue el balbuceo de dos hombres que una vez fueron padre e hijo y ahora solo la rememoración de la sangre intentando vincularlos a través de las sucesivas paredes del aire y los años con un lenguaje lisiado e impotente”.

Leave A Reply

Your email address will not be published.