Leonel Alvarado y El futuro que no fuimos

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El futuro que no fuimos es el título del nuevo libro de poesía que Leonel Alvarado (San Jerónimo, Copán, 1967) presentará al público en el marco del Festival Internacional de Poesía Los Confines, que habrá de celebrar la mayor parte de sus actividades en Gracias, Lempira del 26 al 29 de este mes.

Alvarado, que alguna vez dijo, con absoluta modestia, ser “menos torpe en la poesía” que en otros géneros, ha publicado otros diez libros, uno de cuento, tres de ensayo y los restantes en ese género que, dice, se le da mejor. Obtuvo en años recientes uno de los premios más importantes de Centroamérica, el “Rogelio Sinán”, de Panamá, con su libro Xibalbá-Texas, y fue finalista en otro de los premios más reputados en Latinoamérica, el “Casa de las Américas” de Cuba, con su libro Retratos malhablados.

El futuro que no fuimos, con una edición de la Editorial Universitaria, es un título que sugiere resignación y algo de pesimismo. El poeta dice que en el libro “queda esa gran interrogante de qué hacer con lo que no fue”.

Rosalba Cambra, la escritora argentina que escribió el texto de la contraportada, encuentra el origen de esa resignación y ese pesimismo en lo que califica como “destierros” del poeta y lo cita oportunamente para demostrar su teoría: por el “estar en un aquí que no puede dar con sus orillas”.

Y es que Leonel Alvarado vive desde hace muchos años fuera de Honduras, de donde salió primero para realizar estudios de doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad de Maryland, en Estados Unidos, y luego se trasladó a Nueva Zelanda, donde reside y trabaja en la Universidad de Massey.

De hecho, una de las secciones del libro trata de los destierros, según informa el autor. Otra aborda el tema de “la violencia que nos golpea desde la pantalla y que nos refleja esas muertes en la cara”. Una más sobre “la dignidad y la pobreza desde la perspectiva del barroco” y la última “sobre el divorcio, que también es otra forma del destierro y que es una especie de diario de un divorciado en el destierro”, agrega Alvarado.

Cambra también alude al lenguaje utilizado por el autor para dar cuenta de esas “desgarraduras” derivadas de su lejanía de Honduras y dice que “elige una elocuencia en voz baja, el tono coloquial, el distanciamiento que, paradójicamente, actúa como un llamado a la participación”.

Leonel Alvarado ha vuelto a Honduras con mayor regularidad durante los últimos años, pero en esta ocasión su visita es motivada por la invitación al Festival de Poesía Los Confines. Sus expectativas al respecto son grandes, empezando por el hecho de que ha asistido a muy pocos festivales. “Este me interesa mucho por la posibilidad de los encuentros con poetas de Honduras y de otras latitudes. Generar estos espacios requiere de grandes esfuerzos, y eso anima más a sumarse”, dice.

Su poesía, que ha sido traducida al inglés, al portugués y al rumano, estuvo, paradójicamente, más lejos de los hondureños que de los lectores en otros idiomas, pero desde la obtención del premio en Panamá, de la mención de honor en el premio de Cuba y la voluntad de la Editorial Universitaria de publicar sus últimos libros, entre los que está Vida y obra de Bulnes, el memorioso, sobre el poeta comayagüense Edilberto Cardona Bulnes, se ha vuelto uno de los poetas más leídos en el país.

El futuro que no fuimos trae consigo posiblemente algo de ese pesimismo y esa resignación que sugiere el título, pero a la vez, llega para confirmar que su autor es uno de los poetas más sólidos en el amplio panorama de una poesía hondureña actual, que suele ir, con afortunadas excepciones como la de Alvarado, muy a la deriva.

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