El pasado que debe mantenerse vivo

0

El pasado seis de julio se realizó en uno de los auditorios de UNAH-VS el foro “Para que no se repita”, que se centraría en la masacre ocurrida en 1944 en la entonces llamada Calle del Comercio, hoy Tercera Avenida de San Pedro Sula.

Fue una agradable sorpresa ver el auditorio lleno un día en el que normalmente la universidad baja su afluencia de estudiantes; me entusiasmé al darme cuenta que muchos jóvenes se interesan por eventos organizados por la institución, pero todo eso desapareció rápidamente al cerciorarme de que la mayoría de los asistentes eran estudiantes de la clase de Historia de Honduras y estaban allí “obligados” por sus catedráticos, ya que debían presentar un resumen del evento en la siguiente clase.

Foto: MARIO GALLARDO.

El foro comenzó puntualmente a las tres de la tarde con la bienvenida de uno de los catedráticos de la asignatura Historia de Honduras, luego éste otorgó la palabra al que sería el moderador: el escritor y director de cultura de UNAH-VS Julio Escoto, quien presentó a los invitados: Nina Irías, nieta de una de las víctimas de la masacre que motivaba el foro, y los historiadores Rodolfo Pastor Fasquelle y Joaquín Portillo. El evento se dividió en tres etapas: la del elemento anecdótico por parte de Nina Irías, la del contexto histórico a cargo de Rodolfo Pastor Fasquelle y finalmente la del contexto político por Joaquín Portillo.

Para obtener la atención de los jóvenes estudiantes que se distraían con sus celulares mientras grababan notas de voz, Nina Irías comenzó su exposición con la reconocida consigna “El pueblo unido jamás será vencido”, a la cual todos respondieron rápida y positivamente. Ella fue la encargada de transportar al público a los eventos de 1944 y relató cómo su abuelo Alejandro Irías fue asesinado aquel día, según le contó su padre. Irías, de manera exaltada, con las emociones a flor de piel, revelaba cada detalle comenzando por la parte en que su abuelo llegó a la manifestación pacífica hasta llegar al momento en que fue masacrado junto a muchas otras personas por órdenes del entonces Ministro de Guerra Juan Manuel Gálvez.

Julio Escoto, como moderador, intervenía para recalcar que cada uno de los expositores tenía un tiempo específico para realizar su exposición pero ninguno atendió esta exigencia. El foro duró dos horas y al final fueron pocos los estudiantes que se quedarían en el auditorio. En la fila de asientos que me correspondía, en donde habían permanecido unas 20 personas, al final quedé sola, y el mismo caso se repitió en casi toda la sala.

Una de la aportaciones más extensas e importantes fue la de Pastor Fasquelle; de los tres expositores era quien mejor manejaba el tema; además, se basaba en investigaciones oficiales y datos verificables, y no en anécdotas referidas por terceros, como en el caso de Irías. Ofreció un contexto de lo que ocurría en aquellos días en el mundo: terminaba la 2da. Guerra Mundial y el final de la Alemania de Hitler estaba a la vista. San Pedro Sula tenía una población de veinte mil habitantes (actualmente superan el millón), el dictador Tiburcio Carías Andino había abolido la alcaldía de la ciudad y la había convertido en distrito, para que no se eligiera en la ciudad un alcalde liberal. Las manifestaciones políticas estaban prohibidas. Fue un seis de julio de 1944: miembros del Ejército y de la Policía dispararon contra miles de manifestantes acabando con la vida de más de 70 personas, aunque sobre esta cifra hay muchas dudas; pudieron ser más o menos.

La participación de Joaquín Portillo fue muy breve pero duró lo suficiente para crear polémica, al insinuar que no confiaba en la historia contada por Irías, en la que ella señala a Gálvez como la persona que daría la orden de comenzar con los disparos. Este comentario haría enojar a la expositora y, más adelante, tras una de las preguntas del público, comenzaría una discusión con Portillo. Por un lado, ella defendía enérgicamente la versión contada por su padre, quien era un niño en aquella época, tanto que en determinado momento se levantó de su asiento y dijo: “por eso el país está como está, porque se defienden las injusticias de los poderosos”. Al otro extremo de la mesa un tranquilo y pasivo Joaquín Portillo, que simplemente se guiaba por la historia escrita, por datos verificables, asimilaba el momento de la mejor manera posible. Entre tanto, Pastor Fasquelle buscaba despejar la “mala vibra” entre los expositores y que el foro terminara sin una pelea.

Algo destacable de la conferencia fue el momento en que Julio Escoto presentó algunas fotografías de la marcha que dio lugar a la tragedia de 1944; en ellas se apreciaba que era una marcha pacífica en la que se encontraban personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos, quienes simplemente protestaban por la injusticia y reclamaban sus derechos a unas elecciones libres que terminaran con la dictadura de Tiburcio Carías Andino. Si fue Gálvez o no quien ordenó la masacre, eso ahora importa poco. El objetivo del evento no era señalar a un culpable o posible culpable sino tan sólo hacer que el público se formulara preguntas y dedujera que lo más probable es que este tipo de eventos se repitan o ya se estén repitiendo y, que la solución está en la unión del pueblo. Cuando todo hubo terminado, el nombre del evento, “Para que no se repita”, probablemente resonaba en la mente de los pocos que permanecimos en ese auditorio durante aquellas dos horas.

Una de las pocas fotografías que circulan en internet sobre la masacre de 1944.

Leave A Reply

Your email address will not be published.