“La creatividad es esencial en todos los ámbitos de la vida”

1

Con casi 40 años de trayectoria, Santos Arzú Quioto ha logrado construir un trabajo consistente y  de referencia en la plástica hondureña. Docente nato y viajero empedernido, a sus pinturas abstractas traslada una enseñanza y reflexión sobre la sociedad y sus diferentes matices, y sobre cómo los hombres y las mujeres se insertan en ella, como actores o receptores de una serie de vivencias que representa con la intensidad del color, que es su principal lenguaje.
Arzú Quioto ha sido reconocido en dos ocasiones por la revista Forbes como uno de los artistas más creativos de Centroamérica y el Caribe. Ahora, retirado de la docencia o, como él lo aclara, de la estructura formal educativa, sigue sin romper ese hilo involucrándose en proyectos educativos que propician que los niños puedan vivir el arte desde otra perspectiva: la de ver, tocar y crear, permitiéndoles desarrollar una experiencia totalmente sensorial. Esa apertura forma parte de la responsabilidad que siente hacia la juventud.
Y mientras prepara su próximo viaje a Sri Lanka, el artista responde algunas preguntas a Tercer Mundo:

Con 38 años de carrera, ¿cuál es el mayor aprendizaje que le ha dejado su práctica artística?

Difícil referirme a un solo momento, sin embargo, diré que el gran aprendizaje es descubrir que estoy siempre en proceso de construcción. Saber que la creatividad no llega sola o de manera espontánea sino que hay que ejercitarla constantemente. Siempre planteo que ser artista es proyecto o tarea. Que el desarrollo de un artista no necesariamente es lineal o de fases superadas sino que invocando la libertad he explorado, agregado, decantado, retomado conceptos, técnicas y posturas.

Sus inicios fueron en el arte figurativo; ¿cómo fue su proceso hacia la abstracción y qué dificultades tuvo que enfrentar en el ámbito del arte plástico en ese entonces?

Empecé con dibujo figurativo, especialmente retratos y bodegones (naturaleza muerta), el objetivo de esos dibujos de época juvenil era dominar el canon de la figura humana y captar expresiones mediante la técnica del claroscuro, en ese afán también incursioné en técnicas como acuarela, tintas, sanguina, el soporte era papel y cartón; sin embargo, llegó un momento de saturación y sentí la necesidad de dar un giro de timón y recurrir y experimentar con el color y con materiales diversos. Así a principios de los años noventa, en Galería Portales, presenté mi primera producción en lona y con la figura humana esfumándose dejando espacio a la textura visual y táctil, que desde entonces no me ha abandonado. Fue un proceso gradual pero sostenido; los últimos vestigios figurativos quedaron impresos en la obra Caronte, medalla de oro de la IV Bienal del Caribe y Centroamérica, en Santo Domingo, 1996.

Santos Arzú Quioto, Retrato de mi hermano (grafito), 1985.

“Templo en ruinas” fue un proyecto que marcó su trayectoria como pintor; si partimos de esa obra, ¿cómo se ha ido ampliando su proceso, visión y experimentación como artista?

Templo en Ruinas se inaugura en 1995 y marcó un hito en mi carrera artística, con él comienzan los proyectos como tales; además fue un macro proyecto titulado Memoria fragmentada desde el Centro de América, que duró prácticamente hasta 1998. Pero además de perdurar durante todo este tiempo, también rescató un hilo conceptual definido, el emplazamiento de las obras de manera concatenada y global. Trabajar en conjunto con otros artistas, compartiendo visiones e intercambiando experiencias y metas.
Fue un proyecto de base pictórica, sin embargo, fue principalmente experimental a nivel de materiales no convencionales y del uso del espacio como variable. Considero, viéndolo desde esta distancia, que fue un proyecto bisagra entre la preponderancia de la pintura y la experimentación. Fue un salto cualitativo importante en mi carrera. Incluso doña Leticia de Oyuela escribió: “Para el público hondureño, acostumbrado a la pintura imitativa, observo con estupor esta nueva muestra de arte”.

La sociedad ha sido el alimento de su obra; ¿ha visto tambalearse su sensibilidad de artista ante los despropósitos y sufrimientos de esta sociedad?

No se ha tambaleado, diría mas bien que se ha exacerbado, y eso lo percibo cuando leo y releo los ensayos que he escrito y han sido la base de los proyectos, me doy cuenta que todos estos años he estado gritando, volviendo y re-volviendo sobre lo mismo: la lucha contra la intolerancia, el irrespeto manifiesto, la desconfianza enraizada, el sufrimiento como el pan nuestro cotidiano, pero también he celebrado la muerte y dejando una rendija para la vida y la esperanza. De hecho, los títulos de mis proyectos van en esa línea y son testigos de mi propia sensibilidad lanzados a la sociedad para discutir y compartir, a saber: Templo en ruinas, Ofrenda y sacrificio, El almario, Puntos cardinales, El insectario, El espacio irreductible, Los errantes, La alfombra, Centrífuga, Tiempo límite y espacio, El errante regresa a casa, Sudarios y centinelas.

Usted es un viajero y ha llegado con su pintura a muchos países; ¿cómo se han marcado estas vivencias en su obra?

Se descubre y se corrobora que el ser humano es el mismo en su esencia, más allá de todas las barreras o diferencias culturales abismales, las latitudes se desvanecen.
Lo cotidiano, la historia propia, las relacionalidades o querencias (querer y dejarse querer) el ansia de calidad de vida; lo maravilloso de todo ser humano con su aura y zonas rutilantes a la par de oscuridades insondables son el común denominador. Haber tenido la oportunidad de exponer en escenarios fabulosos de fuste me demostró que los hondureños somos competitivos, pero también exponer en la calle o en pueblos recónditos en la absoluta periferia me demostró que la solidaridad, sencillez y sensibilidad no son monopolio de clases sociales.
Los viajes van marcando la obra o mejor dicho, al artista, y de esta manera se traspasa a la obra a veces de manera imperceptible. Normalmente el proceso o resultado no es inmediato. En los viajes uno se convierte en una esponja, se aguzan los sentidos, se abre la mente, se siente vulnerable frente a lo desconocido, se percibe como extranjero y por lo tanto la zona de confort desaparece.
El haber gozado de varias residencias artísticas alrededor del mundo (Asia, Norteamérica, Africa) me ha permitido relativizar muchas cosas.

Santos Arzú Quioto, Caronte, 1996.

Fue maestro de educación media por décadas; ¿de qué manera la docencia influenció su obra y en qué momento la sintió más vinculada a su trabajo?

Soy docente nato, y siempre lo disfruté. Ver a los jóvenes avanzar en su alfabetización vital y desarrollar capacidad de análisis (aunque sea incipiente) fueron los principales metas.
Me gradué del Instituto Salesiano San Miguel y seguí en esa institución como profesor de Humanidades durante casi 30 años, y traté de dar lo mejor a nivel profesional con la metodología salesiana del sistema preventivo de Don Bosco. Me encuentro a exalumnos alrededor del mundo y siento legítimo orgullo al verlos triunfando.
Ser artista visual me vincula directamente con la docencia y el proceso educativo ya sea en las aulas o informalmente vía talleres, conversatorios o encuentros. El arte tiene aristas pedagógicas y didácticas. Los jóvenes estudiantes eran particularmente sensibles a las clases que impartía (sociología, principios de economía, lenguaje artístico y expresión artística). Desarrollar la sensibilidad, el acercamiento y lecturas de las obras de arte, el expresarse creativamente no es patrimonio del artista, la creatividad es esencial en todos los ámbitos de la vida, maneras frescas y diferentes de proponer y resolver.

Ahora que está retirado de la docencia ¿piensa darle otro rumbo a su carrera como pintor?

Realmente sigo en la docencia, solamente me retiré de la estructura formal educativa. Continúo mediante talleres, encuentros, conversatorios, coloquios, simposios. Eso ha sucedido en los proyectos que he presentado en la Galería Nacional de Arte con Sudarios y centinelas, que ya tiene más de año y medio de exhibirse, y también el proyecto El errante regresa a casa en el Centro de Arte y Cultura de la UNAH, exhibido durante casi un año; estos períodos largos han permitido encuentros con instituciones educativas de todos los niveles.
En cuanto a darle un nuevo “rumbo” a mi carrera, al considerar que estoy en perenne proceso, evidentemente siempre estaré con la mente abierta para los cambios oportunos y pertinentes -al menos eso espero-.
Aunque soy pintor, eso no implica que rechace otras bases de expresión artística desde las cuales pueda expresarme con igual o mayor fuerza. Esta sigue siendo una declaración de libertad que reivindica todo artista para su producción y diálogo. Las posibilidades que manejo como artista son inagotables y la pintura se vuelve una más de ellas.

Ha sido artista padrino del programa Educar a Través del Arte, de Mua; ¿de qué manera lo ha enriquecido esta experiencia con los niños?

Con Mujeres en las Artes (Mua) ha sido un recorrido simbiótico, desde que inició esta institución hace casi 25 años bajo la tutela de la inolvidable historiadora, crítica de arte y sobre todo amiga generadora de utopías, Leticia de Oyuela. Es innegable la evolución que ha tenido Mua durante estos años, versatilidad a toda prueba. Se han ganado a pulso un puesto en el desarrollo cultural hondureño, a tal grado que son referente obligado de la gestión, producción y difusión cultural.
Entre los programas en que he participado está el programa Educar a Través del Arte. Me gusta porque a lo largo de esta jornada de inserción social a través del arte nos hemos dado cuenta de que la clave para lograr un mejor país, más crítico, decidido, con mejor autoestima, tolerante, compasivo, beligerante y, sobre todo, solidario y que apueste por pulverizar un status quo obsoleto y opresor es empezar trabajando con los niños y los jóvenes tomando como base la capacidad creativa innata en ellos, explorándola, y que ellos se autoperciban como personas valiosas que tienen algo interesante e importante qué decir.
Con Mua comencé un proyecto vinculado con los talleres y lo llamé El arte también se toca, con la idea de que los que recibían el taller tuvieran una experiencia más plena con la obra de arte, involucrando no solo la vista, sino “trasgrediendo” la obra de arte; se les permitía tocarla, manipularla, olerla y posteriormente, en grupos pequeños, reinterpretarla. Los resultados fueron fantásticos: se apropiaron de la obra, las lecturas fueron más ricas y diversas.
Este esquema lo repliqué en La Ceiba y Tegucigalpa, en Honduras, pero también a nivel internacional: New London, Connecticut, en Estados Unidos; Nairobi, Kenia; San Salvador, El Salvador y proximamente en Colombo, Sri Lanka. Para mí es compartir y refrescarme con los resultados y propuestas de los jóvenes, que con su energía imprimen vitalidad y lecturas audaces de las obras.

Santos Arzú Quioto, Ex votos, el espacio irreductible, 2008.

La Revista Forbes lo eligió en 2017 y 2018 como uno de los artistas más creativos de CA y el Caribe;¿cómo recibe estos reconocimientos?

Hace unos meses me formularon esa pregunta e inmediatamente respondí que los premios y reconocimientos halagan y emocionan; indican que algo estás haciendo “bien”, o al menos se concuerda con los criterios establecidos en ese momento. Los premios no necesariamente indican que sos el mejor, el problema es jerarquizar en piedra, cosificándolos.
No se trabaja para ganar premios (al menos creo que esa no debería ser la principal motivación para trabajar y perseverar). Nuestro insigne pintor Pablo Zelaya Sierra tuvo calificativos durísimos hacia los que solo buscan trofeos, tildándolos de “medalleros”. Si estos reconocimientos llegan son bienvenidos, son balones de oxígeno a lo largo del camino, sobre todo en tiempos aciagos. No son un fin por ellos mismos. Son catapultas para llegar a mejores estadios cualitativos.
Pienso que lo importante es el trabajo perseverante y consistente que desarrollemos, eso, al final del recorrido de nuestra vida será el verdadero premio. Ser incluido en la lista de la prestigiosa revista Forbes Centroamérica, como uno de los más “creativos de Centroamérica y el Caribe” tanto el año pasado como este, además de ser un honor, no hace más que reafirmar mi compromiso de tratar de dar lo mejor desde el arte, que es mi ventaja comparativa, y aportar así mi grano de arena para construir de mejor forma nuestra sociedad.

Es considerado un maestro de la plástica hondureña y uno de los artistas más importantes de este siglo; ¿es una responsabilidad para usted ser considerado como tal?

Muchas gracias por el halago, aunque eso de ser “uno de los artistas más importantes” no me lo termino de creer. Sí me considero un artista comprometido con mi país, donde hay tanto qué hacer y decir. Mi responsabilidad es leerme, leer mi entorno, interpretar-reinterpretar, construir y deconstruir mi proceso; convocar nuestra sociedad y discutir desde el arte, por eso, para maximizar estas propuestas, he trabajado desde la metodología de proyecto. No basta, en mi caso, la exposición de cuadros o pinturas. Trabajar en base a proyectos me ha permitido ser mucho más sistemático e incisivo en mis posturas. Por supuesto no busco, ni puedo, cambiar a las personas, pero como artista sí puedo cuestionar, discutir, interpelar y visibilizar.
La verdadera responsabilidad y reto es no acomodarme, (desde una resolución técnica impecable, que se logra con esfuerzo, dedicación, experimentación y estudio), sino de compromiso, sobre todo con la juventud.

¿Cuál considera que es el papel que deben desempeñar los artistas en la sociedad?

Los artistas desempeñamos un papel fundamental en el engranaje social. Particularmente sensibles y particularmente dotados y entrenados para percibir desde latidos casi inaudibles hasta gritos desgarradores, capaces de traducirlos codificándolos desde lo estético y generando estados de discusión desde la sensibilidad, lo volitivo y racionalidad. El artista tiene la posibilidad de sembrar saetas apelando a todos ello.

¿Qué acciones deberían implementarse para fortalecer el sector artístico de Honduras?

A nivel macro desinstalar y desarraigar esa visión lamentable de que el arte o la cultura son decorativos y accesorios, y que no juegan un papel preponderante en el desarrollo de una sociedad. Este analfabetismo cultural debe ser erradicado y no solo proclamar que el arte y la cultura son derechos sino que deben ejercerse.
Si bien es cierto es fundamental la calidad de la educación artística formal, viéndose como uno de los semilleros más importantes de artistas, considero que la clave es proponer e inculcar la actitud de la formación permanente y el autodidactismo entre los jóvenes. Esto evitará anquilosamientos pero, sobre todo, brinda la opción de ver más allá de lo evidente y desterrar el conformismo.
Claro está que espacios como concursos y eventos en el cubo blanco siguen siendo válidos, pero también el artista puede ver la calle, los espacios públicos o tecnológicos como si fueran lienzos propicios para realizar su obra de manera memorable y expandida.

¿Qué cambiaría en el arte hondureño el hecho de tener un mercado del arte potente?

Esto se va logrando poco a poco, y estamos involucrados todos los sectores: la institucionalidad, los artistas comprometidos con la calidad de su arte y de su proyecto total, esto requiere estudio, lectura, inversión… y, claro está, eso es aplicable al coleccionista. Por supuesto, en Honduras ha privado la intuición y la subjetividad del gusto, que son factores innegables, pero también es fundamental la lectura, investigación de la trayectoria del artista de tal suerte que la colección sea “pareja” en el sentido cualitativo. No es tanto el número o tamaño de piezas sino la parte cualitativa y otros bonos que las elevan.

Y para concluir, ¿cómo es un día en su taller?

Depende, si se está aproximando la fecha para presentar un proyecto, perfectamente puedo amanecer trabajando. Normalmente, nada extraordinario, desde muy temprano estoy en faena. Lectura, reviso las redes sociales, música, bocetar o escribir ensayos. Atrapar ideas, decantarlas, darle forma al proyecto e investigar.

1 comentario
  1. Luis says

    Excelente J. Bautista! y gracias por ser faro Arzú.

Leave A Reply

Your email address will not be published.