Una novela con intención didáctica

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El regreso de una wetback, de Denia Nelson, se publicó en Tegucigalpa en 2006 con la editorial Guardabarranco, y una segunda edición apareció en 2010. Aborda la temática de la emigración, tanto sus causas como sus consecuencias, y recibió en 2004 el premio de literatura Terra Austral Editores en Sidney, Australia.

El personaje principal es Alejandra Paniagua Díaz, una wetback, quien relata su travesía durante el viaje de “mojada” hacia Estados Unidos. En la presentación del libro, Nelson alude al significado del término como despectivo para las personas que deciden emigrar. El argumento de la novela es sencillo, se resume en la búsqueda de oportunidades en el extranjero para mejorar las condiciones de vida.

En las tres partes de la narración se percibe una marcada intención de la autora por reflejar la realidad del hondureño sumido en extrema pobreza: “se iniciaban las discusiones acaloradas en los hogares porque presentían que no encontrarían la manera de alimentarse durante el resto de la semana” (p. 18). Más allá de intentar crear una obra literaria, la autora da la impresión en esta novela de tener un fin didáctico respecto a los tópicos de la migración y la injusticia social.

La serie de capítulos que estructuran la primera parte del libro muestran los recuerdos de la niñez de Alejandra: sus vivencias en la aldea de Mala Laja y su familia; los personajes tratan de encarnar la mediocridad de la sociedad hondureña; sin embargo, las descripciones de estos son vacías y la narración no consigue ser atractiva para el lector debido al excesivo lenguaje coloquial: “Apolonio había aprendido a chupar guaro, a sus dieciséis años ya participaba en los relajos que se armaban los fines de semana en los alrededores de las cantinas vecinas (…) Su cabello era negro, embadurnado de brillantina, su tez aporcelanada y muy bronceada y sus hermosos ojos negros, reflejaban que a su lado se podían vivir las mayores alegrías” (p. 30).

La segunda parte, junto con los últimos capítulos de la primera, narra el viaje y la llegada de Alejandra, acompañada de su hermano menor Alberto y su primo Víctor Ignacio, a los Estados Unidos. Al incluir la frase “Una historia real e impactante sobre la vida de una migrante”, la portada del libro genera una gran expectativa, pero ésta resulta un tanto exagerada para el contenido de la novela, pues en ella apenas se cuentan las dificultades que tuvieron los personajes durante el viaje, como el cansancio, el temor que los invadía por no tener a sus padres cerca y los pocos días que estuvieron en prisión porque policías de migración los capturaron. Quizá esto último constituya el episodio que más se acerca a esa idea de “impactante”.

La pérdida de identidad es uno de los tópicos que Nelson aborda en la novela de manera esquemática. Alejandra fue adoptada por una amiga de su tía, obtuvo una identidad falsa con el nombre de Mary Beth Montgomery, aprendió inglés, estudió y al graduarse con méritos trabajó para sí misma volviéndose vanidosa. Estos cambios introducidos a la ligera hacen que la narración sea inverosímil, aunque la autora insista en la portada y el texto de presentación del libro en que El regreso de una wetback es una novela testimonial.

Víktor Shklovski, en su teoría de El arte como artificio (1917), destacó que una obra arte se construye a partir de una serie de procedimientos artísticos; sin embargo, Nelson asegura que la intención de la novela es formar conciencia (p. 9) en el lector. Tomando en cuenta su afirmación, podría suponerse que es el motivo por el que no se incluyen los suficientes recursos estilísticos en la novela, pues se revela su desconocimiento sobre la manera de crear literatura.

La novela concluye con tres últimos movimientos de la protagonista; primero, regresa a su aldea debido al rechazo de su familia adoptiva cuando decide ingresar a la universidad; segundo, nuevamente regresa de “mojada” a Estados Unidos porque cree pertenecer al país norteamericano; y tercero, vuelve a Honduras porque considera que su vida ya cobró sentido. De acuerdo con la narración, estos movimientos se efectúan en varios años y dan como resultado un final precipitado, puesto que luego de demostrar desencanto por Honduras, Alejandra elige quedarse en su país natal y además, recalca una enseñanza de vida; he ahí la función didáctica de la novela, que se evidencia en este ejemplo:

Estaba feliz y había decidido regresar a mi tierra. Fue como si de repente toda mi vida cobrara sentido; darme cuenta que jamás encontraría mi lugar si lo seguía buscando en las riquezas, en las posesiones, en un montón de objetos perecederos. No sé si fue una iluminación o es que debieron declararme loca inmediatamente (…). Pensé en regresar a Honduras (p. 161).

La novela aborda uno de los problemas sociales que la población enfrenta a diario (la emigración), y en ese sentido puede suscitar un interés amplio; no se niega que en algunos pasajes hay atisbos de una buena narración: “Ejecutaba frente a la estufa, y de muy buen ánimo, los bailes andinos con un pañuelito en la mano, agitándolo, haciendo círculos con su brazo hacia arriba y hacia abajo” (p. 106); sin embargo, hacen falta muchos elementos que permitan catalogar la novela como una verdadera obra literaria.

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