Encuentros cercanos con los nuevos monstruos de la literatura hondureña

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Recién habíamos fundado y estrenado nuestro sello editorial “La hermandad de la uva editores” con la novela Poff (2011) de Darío Cálix. El chico nos mandó sus escritos porque le dijeron que podríamos darle nuestra opinión. Se le notaba de entrada el deseo real y urgente de un tiraje mínimo de mil ejemplares. No estaba buscando nuestras críticas, como pronto lo comprobaría.

Por esas fechas estaba desempleado y tenía tiempo de sobra para leer los textos. Si nos lo remitieron es por algo, me dije. Después de un rato estaba convencido de la broma, nacida (supe después), entre los miembros de otra editorial sampedrana.

El chico llegó con sus ínfulas de genio literario y un par de colegas cruzaron miradas. Me contaron que el autodenominado “mejor poeta de su generación” les habló acerca de la futura presentación del libro, algo sin parangón en las letras nacionales.

-Presentaré el libro y al mismo tiempo tendré una exposición de mis fotos más significativas. También expondré mis pinturas, y ya aprovechando voy a promocionar mi último corto cinematográfico junto a mi línea de ropa juvenil.

Entonces allí estaba yo, extrañamente conmovido con la terriblemente mala poesía y las insufribles piezas en prosa de mi joven remitente. Tuve la intención de ser sincero y cruel, de ser hiriente y procaz. Luego me pregunté: ¿Cuántos no fuimos alguna vez tan jóvenes, ignorantes o ingenuos como para no pensar que éramos el futuro de la literatura mundial?

Le contesté en un largo correo a lo Sábato en “Querido y remoto muchacho” y lo que recibí a cambio de mis consejos fueron comentarios furiosos, cuestionamientos estúpidos y egocentrismos patéticos. El chico temía que yo me apoderara de sus poemas, creía tanto en su calidad literaria al punto de imprimirlos en tamaño afiche para exhibirlos en sus “eventos culturales”. Pude entender entonces por qué todos tenían su nombre al pie de página, el chico creía que cagaba oro.

Todo terminó con un par de intercambios de correos, en uno me dijo que no leía poesía para no “contaminar su estilo”, que estaba seguro de ser el mejor poeta de su generación. En otro me dijo que su obra sería adaptada al cine algún día. No abandoné mi postura de consejero; Darío Cálix me recomendaba mandarlo a comer mierda. Fue únicamente al final donde por fin le dije que si deseaba publicar el poemario nadie podría impedírselo, pero sería como suicidarse.

Entonces no lo sabía, pero había tenido un encuentro cercano con una nueva casta de jóvenes “artistas”. Esta nueva casta años después tomaría por asalto las redes sociales y también las imprentas, pero además tomarían por asalto a los profesores de español y a los buenos lectores. Llegarían hasta desprevenidos escritores en camino a consolidarse y también alcanzarían a los escritores más insignes de la literatura hondureña. Por supuesto, cada uno los enfrentaría a su manera.

En mi segundo encuentro la chica se me acercó con el libro y me pidió que lo colocara como lectura en mis clases de español en el colegio privado donde trabajaba. Le respondí pidiéndole al menos la oportunidad de leerlo. Confieso haber sentido emoción al encontrarme frente a una mujer escritora, joven y un tanto atractiva. Por la tarde de ese mismo día entendí que estaba ocurriendo de nuevo: otro autodenominado “portento” de las letras nacionales me había acorralado y todo podría terminar muy mal. Era evidente que ella tampoco buscaba mi opinión, su libro estaba vivo, multiplicado por miles de ejemplares y nada podría convencerla de haber parido una abominación. Su criatura era el triste resultado de lecturas mal asimiladas de la saga de Harry Potter y justamente pretendía eso: convertirse en saga y ella en la próxima J.K. Rowling. Ya para el año en curso la criatura tiene dos hermanos más, si mal no me informan.

Lo que más me decepcionó de este segundo encuentro fue descubrir que la chica Potter tenía la bendición de un renombrado escritor hondureño. Como dije, cada uno lidiaría de manera diferente con este tipo de seres. Está bien, existen los libros de Paulo Coelho, de Stephenie Meyer (la chica Potter defendió a estos autores a capa y espada) y escritores por el estilo, célebres ídolos de la subliteratura, pero a pesar de todo, no les podemos reprochar ni a Coelho ni a Meyer que sus libros estén mal editados. En el libro de la chica Potter se respiraba abandono y descuido desde la primera página.

Al día siguiente ella volvió al colegio y yo le salí con la excusa de que ya les había asignado otra lectura a mis alumnos; la directora no me permite cambios, le dije. No satisfecha con eso, por la tarde de ese otro día la chica Potter me increpó por mensajitos mis motivos para no ayudarle a vender la futura mina de oro que algún día también vendería a Hollywood (lo dijo en una entrevista a Diario Tiempo).

Como supondrán, tipo siete de la noche ya contaba con una nueva enemistad gratuita. En mi último mensaje le contesté:

-¿Si eres la protegida de (renombrado escritor hondureño) entonces por qué don Renombrado no ayudó a que tu libro al menos fuera un monstruo pulcro, feo, terrible, pero sin errores ortográficos y con un estilo al menos digerible?

Años después, en una universidad privada tuve un tercer encuentro cercano. El tipo era tan egocéntrico que en la portada de su abominación aparecía representando a diversos personajes. Pero vaya, me dije, un escritor hondureño con sentido del humor, vamos a leerlo. El gordito le había dicho al director académico que su libro aguantaba para las clases siguientes, coloco entre paréntesis las poderosas razones:

– Español (¡Pues claro! Todo lo que tiene letras va en español).

– Psicología (Por el análisis de los personajes).

– Historia de Honduras (Porque trataba de la realidad hondureña).

– Sociología (Porque trataba de la realidad hondureña…).

– Estadística (Porque mencionaba bastantes cifras).

– Ética profesional (Porque dejaba excelentes lecciones morales).

Descubrí que también decía ser discípulo del renombrado escritor hondureño y nuevamente me sentí mal al respecto. ¿Tampoco le ayudó a editarlo? ¿Son ellos sus discípulos o son sus aduladores? Pero también cabía la posibilidad de que ellos se colgaran de la fama del bien intencionado escritor. A lo mejor se habían tomado un café un día con él y de repente sintieron que por alguna simbiosis misteriosa, se les había transmitido talento y oficio.

Como ya no quería más enemigos gratuitos, le dije a mi jefe académico todo lo que no iba a decirle al gordito de boina. A mi jefe tampoco lo convenció la portada con las diferentes versiones del autor; me dijo:

-Usted es el dueño de la clase.

Tuve un par de años de calma respecto a estos nuevos artistas. Pero recién volvieron a aparecer en mi vida y debo decir que han tenido una maravillosa evolución. El otro día agregué en Facebook a una chica que comparte cien frases seudoliterarias por día, autora de un libro, hija de un señor importante y amiga de la chica Potter (esto lo supe hasta cuando me eliminó). Pues que de repente le escribo un comentario jocoso en uno de sus cientos de “pensamientos”, y ni siquiera contradiciéndola (me parecía guapa), estaba presentándole otro punto de vista y fui instantáneamente eliminado de sus redes.

Actualmente ya no están dispuestos a soportar las críticas de ningún tipo, ni de un simple usuario de redes, ni de un lector más o menos ilustrado, tampoco de ningún profesor de español y mucho menos de algún escritor consolidado, entendieron que ese camino es muy espinoso.

Sus nichos ahora son las redes sociales, allí publican sus fragmentos, sus frases célebres, sus poemas y demás productos que son bien recibidos por cientos de ignorantes que con sus likes y comentarios les aseguran que son lo mejor de lo mejor. Acompañan todo con diseños, fondos y caligrafías macanudas, claro, sin olvidarse nunca de colocar sus frondosas firmas al pie de cada post, ya que puede ocurrir que alguno de sus seguidores (simples mortales), quieran robárselas.

Mi frase: “Me masturbo la mente para eyacular ideas” ¡Me la han robado! ¡Exijo justicia! ¡Esto es indignante! No apoyan la cultura en este país, pero nos roban nuestros escritos. ¡Tomaré cartas en el asunto!

-Deberías acudir al Ministerio Público a denunciarlo, le escriben en el airado post de Facebook a una chica “poeta” de La Ceiba, también autora de un libro. Ella no sabe captar la burla del escritor de Tegucigalpa, porque tiempo después le informa que el ladrón de frases ya eliminó la publicación, luego de amenazarlo con su bufete de abogados.

Pero ahora y al igual que el prospecto de mi primer encuentro, ya no solo son escritores (porque fijo les aburre leer y tengo la teoría de que no leen libros completos, solo las frases que otros lectores más competentes han resaltado en sus horas y horas de lectura), también son fotógrafos, directores de cine, modistas, youtubers, influencers, pintores, madres y padres a la vez, etc. Demuestran una versatilidad estremecedora en los campos artísticos más diversos.

El término “diletantes”, palabra de moda hoy en día, no les hace justicia. Ellos son más que eso. No solo están convencidos de su calidad como escritores, están convencidos de que escriben de manera sublime. Son incluso capaces de editar la Wikipedia para colocarse como reconocidos autores nacionales. En la Wikipedia, en el apartado de literatura hondureña, apenas encontramos la mención del gran Arturo Martínez Galindo, pero en cambio, encontramos información detallada de un tal Balandro de Campoluno.

Al darle clic al enlace de Balandro, nos remite a la página de Facebook donde Campoluno escribe. La página tiene casi seis mil likes (varios miles más que cualquier página cultural seria del país). En ella podemos leer que el autor tiene varios libros y muchos fieles seguidores. También descubrimos que Balandro cree ser otro rey Midas escatológico.

Sin embargo, debo admitir que admiro mucho el entusiasmo de esta particular casta de “artistas totales” ¡Gozan de un devastador optimismo! Da la sensación de que en algún momento pensaron que para ser escritores solo bastaba con creérselo, que total, aprendieron a escribir en primer grado y no necesitan nada más. Y como en Honduras los escritores son como tigrillos en peligro de extinción, ellos se han pintado las rayas sin mayores contratiempos.

Por otra parte, nos recuerdan lo ridículo que se escucha:

-Hola, soy Howard Montana, soy poeta y tengo tantos libros publicados.

Nos recuerdan lo ridículo de las poses y que el autobombo sigue siendo una tentación en esta fabulosa era digital. Nos recuerdan que también en nuestros círculos hay slams de escritura, que también entre los “escritores de verdad” existe un creciente afán por volverse pequeñas celebridades en asuntos ajenos (pero aparentemente cercanos) a la lectura y la literatura.

Ellos parecen ser la parodia de lo que ocurre en el mundillo más “instruido” de las letras nacionales, por lo tanto, son un reflejo de sus vicios y enfermedades más comunes.

Existen porque los escritores de verdad siempre han sabido que en Honduras se lee poco, por eso el premio nacional de literatura se lo entregan a cualquiera. Existen porque en nuestro país basta con despertarse un día y sentirse poeta y no habrá nada ni nadie que pueda afirmarnos lo contrario, no existe la Dirección General de Investigación de Asuntos Literarios.

Existen porque la crítica literaria también es casi nula, porque vivimos en la era del like, porque en las cofradías de autores de Tegucigalpa y San Pedro Sula casi nunca hay disidencias, porque cuando se practica este olvidado deporte las consecuencias son enemistades de por vida. Porque nadie quiere enemistarse con nadie en un país donde todo se consigue a base de padrinazgos, argollas o lameduras de culo a infames hijos de puta que están en situaciones privilegiadas.

Esta nueva casta llegó para quedarse, tienen su público, los medios, pequeñas legiones de seguidores y dinero suficiente para imprimir abortos de mil, dos mil, tres mil ejemplares. Llegaron como una peste más, son como el trap de las letras nacionales y entraron al circo de la literatura hondureña con la máscara de la muerte roja.

6 Comments
  1. AA says

    El Dunning-Kruger es real, pero tal vez lo interesante de esto es verse al espejo y notar de qué manera uno peca de manera similar.

  2. Odradek says

    Escribí reseñas sobre buenos libros. Dejá que nazcan, tengan sus minutos de gloria y mueran. No te ahorres nombres, portate como un varón de las letras y llama las cosas por su nombre, deja las insinuaciones de meretriz; de todas maneras ya no te ganaste la simpatía de estos escritores en ciernes.

  3. Manuel Ayes says

    Me gusta, pero cómo me gustaría ver nombres. No sé: nos falta valor.

  4. Lizbeth Sevilla says

    El padrinazgo siempre ha existido. Pasa que ahora como es la época de la posverdad y las redes sociales se nota mucho más. Te faltó decir que muchos de esos renombrados, la mayoría viejos, «apoyan» señoritas amateurs porque les gustan y quieren con ellas (casos de casos) porque no hagas de lado el machismo y la depredación en la que siempre andan estos señores. En cuanto a los artistas hacelo-todo, no duran mucho en la escena.

  5. Un lector promedio says

    Excelente redacción pero no aporta ideas ni soluciones.

  6. Alejandro Vallecillo says

    jaja buenísimo, excelente, hoy leen a coelho y libros motivacionales y se creen eruditos literarios, conozco muchos.

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