Pilar Leciñena, la grandeza de lo cotidiano y la mística del encuentro

Darwin Mendoza

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La creación artística de María Pilar Leciñena Monguilod, además de rebosar de una alta estética y de una especial, sugerente e inspiradora mística, está cargada de mucho simbolismo. Se estructura como un discurso poético reflexivo sobre nuestro tiempo, donde prevalecen mayormente temáticas sensibles e impostergables, como la urgente atención a la niñez y la apremiante problemática de la migración en nuestra región. Su obra está elaborada con una extraordinaria precisión y una exquisita factura.

La experiencia de estar frente a cada obra de Pilar Leciñena es disfrutar de las ideas, los materiales, la propuesta compositiva y la fascinación de las formas. En una frase, estar frente a estas obras es presenciar el fenómeno estético de “cuando las actitudes devienen formas” en esas nuevas dinámicas de creación desde el arte contemporáneo.

El creativo y sutil manejo de los elementos más refinados de la comunicación estética artística, lo encontramos en cada una de las obras que esta sobresaliente artista nos presenta. Escultura, instalación, performance, diseño, fotografía, video, dibujo, grabado, serigrafía y pintura, son las disciplinas artísticas que Leciñena maneja con solvencia y que tienen como denominador común una composición exquisita, una armonía perfecta entre los materiales usados, la manera en que estos están dispuestos en el espacio, sus dimensiones, el trazo y el gesto artístico que ella impregna en todas a manera de sello personal, el refinado acabado de sus obras y la disposición museográfica. Están estudiadas, trabajadas y logradas en equilibrio con el planteamiento intelectual más efectivo y sensible del tema que cada obra expone en diálogo abierto con nosotros, espectadores, y, algunas veces, actores partícipes de su obra. Dicho esto, es evidente que el estudio detallado de la obra de esta prolífica artista española-hondureña sigue y seguirá llenando páginas en la historia del arte hondureño y universal.

Como es arriba es abajo, de la serie Cruce de tren.

Quiero, en esta ocasión, centralizar mi atención en el análisis de su producción pictórica y en el aporte que la obra de Pilar Leciñena sigue dejando en el escenario artístico de Honduras. La artista misma, al referirse a su propia praxis creadora, nos pone en contexto y a tenor de la presentación de su ultima pieza, La escalinata, y que, como ella misma acota, en postulados sintácticos claves y distintivos de su presente discurso estético “convergen y conviven resoluciones pictóricas aparentemente divergentes y, no por ello, antagónicas, que versan desde el color propio de la madera pura y la desnuda línea del carboncillo hasta la abrupta mancha del óleo sobre la desnuda lona”.

La pintura de Pilar Leciñena la podemos definir como arte contemporáneo y de vanguardia en “estado puro”; en su obra siempre encontramos algo que trasciende la pintura. Uno de los más evidentes e influyentes rasgos de personalidad de las pinturas de esta creadora, y que a su vez está haciendo escuela en las generaciones de artistas emergentes, es el uso de los materiales desnudos como la madera, el papel, la lona, el cristal y la sutil utilización transgresora de algunos recursos que no suelen ser vistos y contemplados como pictóricos: los sellos de hule, el grafito y el papel vegetal, entre otros elementos claves de su universo pictórico con los que nos acerca al espíritu de los materiales que nos rodean y crea un marco para entablar un diálogo en torno al cual se genera la experiencia plástica estética. Así lo veremos en el análisis de algunas de sus obras pictóricas a continuación.

Ya mencionaba en la primera parte de esta trilogía sobre la pintura contemporánea en Honduras (Ezequiel Padilla-Pilar Leciñena), que la primera obra de esta artista presentada en la escena catracha, Sin voz ni voto, ganó la XVIII Bienal de Pintura del IHCI en el año 2002. Requiere, por sus características de vanguardia y su potencia y solidez conceptual, un análisis más detenido. Primero, que es una obra que marca un momento clave en la historia de los certámenes de pintura en Honduras, pues se debe recordar como el día en que el dibujo fue valorado en su total y justa medida, y se impuso ante una tradición pictórica donde la sobrecarga de color sigue siendo aún en estos días muy arraigada.

Hecho en Centroamérica.

Ya en esta muy temprana obra, Pilar nos deja ver cuáles son algunos de sus recursos personales de creación que se convierten en su “sello” personal. El uso y la valoración del papel para la creación de obras de arte, la estética del grafito como elemento pictórico y no como elemento previo del proceso de creación, el formato irregular (en este caso políptico de cuatro piezas) y principalmente la tinta y el sello de hule aplicado a la obra no solo por sus propiedades formales y cromáticas, sino también por su carga lingüística-semántica. Recurso este último que actualmente están emulando algunos artistas emergentes y algunos diseñadores gráficos que experimentan en sus composiciones para ir definiendo su línea de trabajo.

En la Bienal de Arte Contemporáneo del año 2006, Pilar es seleccionada con Hecho en Centroamérica, una obra pictórica que logra con maestría incorporar los medios digitales y la potencia visual del arte objeto para hacernos disfrutar de su trazo de tiza en el dibujo y la riqueza visual del desdibujo realizado con el borrador, con la cual la artista posibilita, para nosotros los espectadores, pensar con nuevas formas la exploración y la comprensión del tema de la migración centroamericana. Esta pieza de presencia monumental (una pizarra real) es un peldaño fundamental en la conformación de la historia del arte contemporáneo hondureño.

A lo largo de una cronología de la obra pictórica de Pilar Leciñena encontramos una serie de piezas de extraordinaria factura, donde la impronta principal es el uso de la lona cruda, no solo como soporte sino como recurso pictórico por los valores estéticos de esta sencilla tela de algodón, que junto a un trazo cargado de maestría, elaborado con carboncillo o grafito, nos dan obras que elevan nuestro sentido estético y a la vez nos demuestran cómo lo sencillo y común que nos rodea en Honduras es rescatado por Pilar como la grandeza de lo cotidiano, reforzando la fuerte sensación de un arte que prima la pertenencia e identidad local.

En otro estadio de creación agrega a su simbolismo personal lo preciado per se de algunos otros materiales tan nobles como el lino y los contrasta -haciendo cohabitar como quien ejecuta una sinfonía- con materiales tan ásperos como la piedra volcánica, Así lo podemos ver en el caso de la espléndida obra La balanza, presentada en su más reciente exposición individual en el Museo para la Identidad Nacional (MIN).

La escalinata.

Con el uso maestro de los formatos en la pintura, esta audaz artista ha expandido nuestras nociones de “cuadro” en términos de obra de arte; su formación profesional en museografía se hace notar con mucha calidad en la presentación de sus composiciones arriesgadas en formatos fragmentados muy irregulares, esto es ya otra “marca registrada” de su estilo personal.

Cuando me refiero a la irregularidad con la que reta nuestra tradicional noción de “cuadro” o “bastidor” en sus formatos, no hablo solo de la forma frontal que generalmente es lo único que solemos valorar de una pintura, Leciñena nos invita con sus cuidadosas y detalladas creaciones a indagar los laterales del cuadro, que en algunos casos expanden la intervención cromática y formal, y en otros también por su grosor que nos mantiene apreciando una pintura desde el sensible borde entre lo pictórico y lo escultórico. El cuadro no acaba en las fronteras de sus límites tradicionales. La forma del soporte dialoga con el espacio y parte de ese espacio se convierte en un fragmento más de la obra. Los límites están en nuestra percepción. El camino hacia la visión esta ahí.

En la obra La escalinata, presentada en la más reciente Bienal de Pintura del IHCI, encontramos una pieza que, lamentablemente, por falta de rigor de parte del jurado calificador y organizador, no fue colocada de la manera que la artista propone para que se entienda y disfrute de su plena propuesta artística; no obstante, disfrutándose así en parte los valores conceptuales, pictóricos y de trazo, aún en la forma como está “colgada” en la exposición que en estos momentos sigue abierta en el MIN. Esta pieza enmarca uno de los elementos más representativos en la obra de Pilar: la libertad, tanto en sus temáticas como en la libertad de actitudes y de formas que le da a sus pinturas. La obra La escalinata es también una expansión conceptual minimal que nos grafica la expresión con la que abro este escrito: “Cuando las actitudes devienen formas”. Frase acuñada por Harald Szeemann en la exposición que comisarió en la Kunsthalle a finales de los sesenta en Suiza. En esa muestra y en esta época se marca un momento especial en la historia del arte donde los materiales en sí mismos son valorados como recursos expresivos y circulan a través de su materialidad la carga conceptual que los artistas le dan y su impresión plástica. Lo fundamental en el trabajo de Pilar Leciñena, “creadora de espacios”, es que promueve una mirada más allá del plano; espacios donde obra y visitante crean, a su vez, un tiempo de relación particular y único, lo que la artista denomina: “la mística del encuentro”.

Pedaleando por un futuro sostenible.

De esta manera vemos que el trabajo de Pilar, caracterizándose esta artista por un alto nivel de investigación y conocimiento del arte, es un enlace y conexión entre la vanguardia histórica y la tendencia del pensamiento actual. En la línea de los grandes maestros, desde la reinvención del color matérico de Klein pasando por Joseph Beuys y sus materiales inusuales como el fieltro y la miel, encontramos la obra de Pilar Leciñena, que se caracteriza por el soberbio y conceptual uso de los materiales, que son tan importantes como sus recursos gráficos personales.

De su más reciente exposición, Correo certificado, primer aviso, quiero, en este espacio donde he trazado algunos apuntes valorativos sobre la obra pictórica de Pilar Leciñena, destacar también tres piezas que nos resumen su alto trabajo compositivo en términos de formato, que está siendo tan importante para el desarrollo de la pintura en Honduras, que, insisto, marca una tendencia y es imitado por artistas en proceso de formación que están definiendo sus propios caminos del arte.

Por un lado, destacar la pieza Casillero, que si bien se presenta como un múltiple -cualidad ya innata y conceptual de la pieza original que aquí es representada (un casillero que encontramos en nuestro edificio de correos)-, va mucho mas allá de ser una pieza de arte contemporáneo que juega con lo único y lo colectivo. Cada pieza es dibujada individualmente en grafito y debidamente “sellada” o marcada con tinta para que en conjunto formen una pieza fascinante, que está siendo modificada en la medida que se adquieren estas por coleccionistas como piezas individuales. Esperamos ver nuevamente expuesta esta pieza, que desde ya se sabe será distinta en su disposición formal.

Y en consecuencia con la dinámica de la obra de Pilar, quisiera aprovechar para reseñar un pequeña pieza seriada de este mismo proyecto: Pedaleando por un futuro sostenible, en técnica de serigrafía y estampación sobre papel, cuya imagen fue creada por encargo de nuestro Correo Nacional para la emisión de sellos conmemorativos al aniversario de esta respetable institución, a la cual, como todos sabemos, esta artista honra y admira.

Franqueo urgente.

La siguiente pieza a destacar es Franqueo urgente, que en su sencillez cromática y formal juega con la monumentalidad y la fuerza expresiva del color para recalcarnos la advertencia y la urgencia conceptualizadas en un obra de arte.

Finalmente, una de las piezas que no tienen precedente en nuestra historia artística hondureña: Homenaje a las estampillas, lograda magistralmente con una composición no solo irregular, sino dinámica, monumental y desafiante para los conceptos de composición y museografía. Es indudablemente una exquisita pieza que brinda al espectador una experiencia de contemplación activa y enérgica que poéticamente lo va llevando, sugiriéndole desplazarse por el espacio y así lograr disfrutar tanto de lejos como de cerca, todas las virtudes plásticas conquistadas por Pilar Leciñena en este maravilloso trabajo de pintura contemporánea hecho en Honduras.

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