Cuatro anécdotas sobre Pompeyo del Valle

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Pompeyo del Valle, uno de los últimos grandes escritores hondureños, falleció en Comayagua la noche del miércoles 22 de agosto a los 89 años de edad. Perteneciente a la llamada “Generación del 50” (los escritores nacidos entre 1924 y 1953), del Valle deja una obra sólida tanto en poesía como en narrativa, que ha merecido la atención de varias generaciones de lectores y críticos en Honduras y el extranjero.

Muchas han sido las despedidas que se le han brindado a este autor durante los últimos días, sobre todo a través de los diarios nacionales y las redes sociales. En Tercer Mundo hemos querido despedirlo refiriendo estas cuatro anécdotas de cuatro hondureños que lo leyeron y lo conocieron de cerca. Hay, seguramente, muchas más anécdotas con él y en la revista quisiéramos conocerlas. Las que dejamos a continuación quizá sólo sean las primeras que mostremos. Ustedes, los lectores, están invitados a continuarlas debajo de esta publicación, en el espacio para los comentarios:

Leonel Alvarado, poeta:

Antes de que la eternidad lo transforme en su definitivo ser, como dijo Cortázar después de la muerte de Lezama, Pompeyo del Valle pasó por Australia, en donde alguien lo lee, y por Brasil, donde ahora me encuentro. Minutos antes de enterarme de la noticia estaba en una clase en línea con una estudiante de postgrado que radica en Adelaide, Australia; el tema: los cuentos fantásticos de tres autores latinoamericanos: el argentino Marco Denevi y dos hondureños: Roberto Castillo y Pompeyo del Valle. En la clase hablamos de ese Bartolo Gris que volvió de París a una patria devorada por bestias alucinantes. Sin saberlo, despedíamos y le rendíamos homenaje a nuestro querido poeta enlazando dos continentes y varios mares, así como él se dio a la tarea de enlazar, en verso y prosa finos, vidas y mundos. Hacíamos lo que hay que hacer con los escritores, presentes o partidos: seguirlos leyendo, llevándolos como compañeros de viaje, conversando con sus textos con placer y rigor. Gracias a la lectura de la obra de nuestros queridos Roberto Castillo y Pompeyo del Valle alguien de Australia sabe un poco más de Honduras, y también sabemos un poco más de nosotros mismos.

Fabricio Estrada, poeta:

Luego de años de conocerlo, supe que Pompeyo del Valle prefería que se le contara un buen chiste para reír todo el camino. Aquello contrastaba con el peso y gravedad de una de las voces miliares de nuestra poesía, y con todo aquello que tanto escuché hablar de su frontalidad contra la dictadura de Carías, la cárcel y exilio que sufrió y la cercanía con Roque Dalton en Praga. Tengo presente la imagen que él me describió de la primera vez que conoció a Daniel Laínez -buscando empleo como periodista- o, la vez que, en Ucrania, entonces parte de la URSS, conoció en su dacha de exilio al poeta turco Nazim Hikmet. Pero la risa se prolongaba kilómetros -en el bus en el que regresábamos a Tegucigalpa luego de un encuentro de poesía en San Pedro Sula- cuando me contó que Roque Dalton destornilló una lámpara del techo de su apartamento para ir a llenarla de cerveza en una taberna de Praga. Luego vinieron mis anécdotas y ya no paramos de reír. Ahí conocí a Pompeyo del Valle. Entonces volví a leerlo.

Mario Hernán Mejía, Director de Cultura de la UNAH:

Al conocerlo, me sorprendió su sencillez, dignidad y agudo sentido crítico de la vida en sus múltiples expresiones cuando ambos trabajamos para el sector público en la desaparecida Secretaría de Cultura, Artes y Deportes. De su escritorio, en la Dirección del Libro y el Documento, surgieron importantes proyectos editoriales con textos fundamentales para la historia y literatura hondureña (colección “Biblioteca básica de cultura hondureña” y colección “Ensayo”, entre otras), para la también desaparecida Editorial Cultura. “Opino que siempre es bueno que alguien se interese por la publicación de libros en Honduras y en la luna”, respondió a una entrevista de Roberto Sosa. Sobre las revistas literarias en el país declaró: “Me parece que en este trabajo, cuando se hace en serio, hay mucho de heroísmo y chifladura”. El título de uno de sus últimos libros (Recado para un mirlo blanco, UNAH, 2012), pone de manifiesto su persona y carácter, ser un mirlo blanco remite a su color como cualidad extraordinaria acompañada de una austera belleza, expresión de su espíritu y humanidad.

Salvador Madrid, poeta y director del Festival Internacional de Poesía Los Confines:

La poesía de Pompeyo del Valle es fundacional en nuestra literatura. Explora las luchas colectivas e individuales en un mundo que cambia vertiginosamente con su voraz hambre de capital. Su primer libro La ruta fulgurante no sólo prefiguró un camino de su estética personal, sino que fue determinante en el sentido de la edificación de cierta ética en el poeta hondureño. En pocas palabras: no sólo tener conciencia estética sino de vida. Yo respeto eso, porque creo que uno es poeta ante la vida, no sólo ante el lenguaje. Lo otro es que el país se puede leer en su poesía, como la forma de amar, la lucha por los derechos, los afectos familiares de un siglo y de trasfondo la esperanza. Ciudad con dragones es sin duda uno de los mejores libros escritos en Honduras, un murmullo doloroso sobre Tegucigalpa, la ciudad que amó a pesar de que muchas veces le dio la espalda. Tuve el honor de colaborar en una de las últimas ediciones del libro, después del Golpe de Estado de 2009, y él me pidió agregar un último poema que calzaba exactamente con el conflicto social de esos días. Cuando leí el poema, lo miré; él sonrió y me dijo: “no es un poema nuevo, es un poema viejo que yo no quise incluir en este libro, no sé por qué, pero fíjese usted, la poesía habla y exige su tiempo: es casi un retrato de nuestra circunstancia actual”. Pocas fuentes honestas en Honduras para contar la historia, pero la poesía es una referencia honda y confiable. Sin duda, la poesía de Pompeyo del Valle tiene ese perfil: canta y cuenta la necesidad humana y sobre todo su esperanza.

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