El escritor, el prestigio y la habitación propia

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Aunque quizás no fue expresada en idénticos términos, en esencia la pregunta planteada por Julio Escoto no podía ser más simple: ¿y ustedes creen que los escritores en Honduras gozan de prestigio, de reconocimiento social? Los rostros de los miembros de la mesa —cobijados bajo el lema publicitario: “nuevas voces de la narrativa hondureña”—pasaron por diferentes registros que iban de la incredulidad al pasmo. Ya recuperados del susto, expresaron sus respuestas que se debatían entre el tajante “no, no lo creo” y el optimista francamente panglossiano: “claro que sí, sobre todo en ciertos círculos…”.

Pero, y es que hoy parece ser el día de los senderos que se bifurcan, el tema no es confirmar la validez de los lemas publicitarios ni empezar el enésimo (inútil e infantil) debate acerca de quién es el escritor nacional con más y mejores premios o con más y mejores reseñas o el que acumula más millas de trashumancia literaria. No, de ninguna manera.

Por el contrario, esa anécdota me llevó a considerar las desiguales y contradictorias formas en que el escritor nacional se ha relacionado y se relaciona con su entorno inmediato. Y en la manera decisiva en que ese medio social influye en el escritor. Pensé en un ensayo de Javier Bayardo Brito, publicado a mediados de los años 70, en el que reflexiona sobre la “imagen conflictiva” de Molina y “el medio social que lo mató”. Fuertes palabras…y bien empleadas.

Ahondar en estas relaciones exige examinar el devenir histórico, sin perder de vista las particulares características del momento actual. Diacronía y sincronía. De antemano me disculpo. No pienso hacer arqueología literaria ni me arrogaré competencias de historiador profesional, tampoco pretendo ejercer de trasnochado Bajtin tropical. No seré exhaustivo: apelaré a la vaguedad de la memoria, a la fragilidad de los recuerdos y a la arbitrariedad de la anécdota.

Un repaso al texto de Brito nos revela, por ejemplo, las condiciones que marcaron la vida de J. R. Molina y, en todo momento, nos queda claro que el medio nacional antes que constituirse en un entorno propicio para el desarrollo de su obra fue un factor limitante que le orilló lentamente a la debacle final en la cantina “Estados Unidos”. Así pasó de hermano gemelo de Darío a gloria vernácula, a quien se recuerda por la mítica pesca de sirenas antes que por la hondura filosófica de su obra, a la que la academia y el aparato estatal deben esmerada edición crítica, estudio sistemático y difusión generalizada.

El peso de la aldea que a principios de siglo agobió a Molina, tampoco fue favorable a Froylán Turcios, amigo entrañable y constante promotor de su obra. Pese a la densidad de su obra, luego de revisar su biografía puede concluirse que Turcios siempre encontró un ambiente más favorable fuera del terruño, en medio de entornos estimulantes para su intelecto privilegiado. Lector infatigable y siempre actualizado, el estudio de su vida y obra revela además que, pese a su intachable amor por Honduras, las circunstancias particulares de un país signado por la violencia fratricida y la voracidad de políticos corruptos le marcó en forma negativa.

La etapa de su vida que transcurrió en Estados Unidos se percibe como una experiencia que aportó a la obra narrativa de Arturo Martínez Galindo elementos que apuntan al surgimiento de una nueva y moderna poética que se revela en Sombra. Y va más allá de las ciudades, sus sitios emblemáticos o el clima; la impronta de la metrópoli hay que buscarla en el salero de Cellini o la avidez del beso incestuoso entre Edna y Didine. A la patria volvió Martínez Galindo para ser asesinado a machetazos, en una trama que algunos estudiosos han calificado como “horrenda venganza política”.

Viajar y vivir fuera de Honduras representó el impulso definitivo, la instancia decisiva para definir y madurar la carrera literaria de autores como Oscar Acosta, Marcos Carías, José Antonio Funes, Leonel Alvarado, Juan de Dios Pineda, Roberto Quesada y León Leiva Gallardo. Para los dos primeros, el regreso a Ítaca los puso frente a una realidad que sin duda no fue especialmente propicia para el desarrollo posterior de su obra.

Fúnes, Alvarado, Pineda, Quesada y Leiva Gallardo permanecen en el exilio escogido y, en la jerga del atroz periodismo deportivo, se diría que son nuestros “legionarios”. Cuando han vuelto de visita al terruño, casi como extranjeros, reciben las atenciones de fieles amigos, se les invita a ofrecer lecturas en las que son escuchados con enorme respeto y, al final, en círculos más privados y sotto voce, son interrogados por los paisanos que aspiran a seguir su suerte y alcanzar idéntico prestigio. Algo entendieron los miembros de este quinteto, durante sus años de formación en la patria magnífica y terrible, que los llevó a buscar un entorno más favorable y, quiérase o no, su condición de expatriados les ha otorgado el prestigio que a veces se regatea al colega condenado al peñasco sin posible salida.

A su regreso, Oscar Acosta persistió con notable empeño y enorme generosidad en el intento de constituir, por diversas vías, una comunidad literaria que trascendiera las miserias de la parroquia y se instalara en la modernidad de la ciudad letrada. Sordo ante el rumor de las pequeñas rencillas que, impulsadas por ciegas militancias ideológicas y celos atroces, intentaron descalificar su vida y su obra, Acosta gestionó visitas de escritores, encuentros y ferias, mientras ayudaba a la Universidad Pedagógica Nacional a honrar con doctorados y cátedras honoris causa a figuras como Vargas Llosa y Monterroso, Sergio Ramírez y Laura Restrepo. También se daba tiempo para viajar a la Honduras de acá y ofrecer conferencias y lecturas; de paso, al tanto de los gustos literarios de sus amigos, se regocijaba al obsequiar maravillosos volúmenes traídos de su último viaje, casi siempre rescatados entre el polvo de alguna librería de viejo de Antigua, Madrid o Ámsterdam.

Casi como “música de fondo”, tanto en sus presentaciones públicas como en las fecundas conversaciones privadas, Acosta intercedía por la consolidación de una informal cofradía de escritores que fuera más allá de estériles luchas por efímeras glorias rurales o inexistentes presupuestos estatales. Ante la imagen deleznable del escritor como limosnero apaleado en pos de las dádivas oficiales se imponía la tarea de construir la figura del creador independiente que exige los derechos adquiridos en razón directa de la trascendencia de su trabajo. Nada se debía dar por sentado, ni por militancia ni por designio divino, sólo valían el estudio, la disciplina y la creatividad. Este sería, por supuesto, el primer paso para la “construcción” de ese prestigio social del escritor al que aludía Escoto en el evento de marras.

El prestigio así entendido, o sea “la pública estima de alguien o de algo, fruto de su mérito”, conlleva implícita la noción de respeto. En el plano profesional se asocia a términos como legitimidad y credibilidad; además, se encuentra ligado al reconocimiento por el trabajo bien hecho. Un breve repaso de actitudes, hábitos y conductas —egocentrismo desbocado, victimización y autoconmiseración constantes, inestabilidad y precariedad laboral por causas que van del alcoholismo a la enfermedad mental, práctica consuetudinaria de la mendicidad ante las puertas de instituciones estatales y privadas, desprecio por el estudio y la disciplina dada su condición de genio incomprendido, etc.— vendría a explicar tanto el alcance de la interrogante planteada por Escoto como las dudas razonables surgidas en torno a esa categoría.

Ya sea que le toque afrontar el diario y peligroso desafío de sobrevivir en el peñasco sin posible salida o que haya optado por buscar “del lado de allá” el ambiente más favorable para su vida y su obra, el escritor está obligado a tener su “habitación propia”. Mujeres y hombres que aspiran a una carrera literaria a través de la escritura de novelas, cuentos, poemas o ensayos, deben construir su habitus teniendo presentes las palabras de Virginia Woolf: “Solo puedo ofrecerles una opinión sobre un tema menor: para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio”. Y aplica para todos, por fortuna, es una poética y una búsqueda vital que no tiene género.

En Honduras el aparato estatal se encuentra, y ha estado siempre, lejos de la figura del “ogro filantrópico”, tal como lo concebía Paz. Aquí no hay espacio ni estímulo oficial para el fomento de la actividad cultural, y para la práctica de la literatura hoy vivimos el peor de los tiempos posibles; se impone, entonces, la opinión de Woolf.

Mientras algunos teatristas, cineastas y músicos, todos igualmente sobrevalorados, acomodados y rapaces, medran y lucran al amparo de la propaganda oficial, para el escritor no queda más que asumir la figura del paria, salvo un par de inflados figurones que empeñan sus esfuerzos en lavar la cara de un régimen nefasto a través de “instancias culturales” y “eventos literarios internacionales” en los que, de forma por demás sospechosa, ofician como comparsas algunos de los más conspicuos héroes culturales de la “resistencia”. Otra forma de supervivencia, otra manera en que el escritor (“hasta que no se demuestre lo contrario”, afirma un conocido humorista local) plantea su relación con el medio social —tan perverso hoy como en tiempos de Molina— que mantiene vigente el juicio inapelable que condena a la literatura y sus practicantes al desprestigiado furgón de cola de la cultura. De ahí la incredulidad y el pasmo, de ahí la “disconfianza” (sic).

2 Comments
  1. Gertrudiz Ramos says

    Esta “revista cultural” más que ser cultural parece una revista donde el único fin es criticar, juzgar y minimizar a los escritores de este país. Los únicos escritores halagados y reconocidos en esta “revista” son los mismos dueños de Tercer Mundo en esto caso Giovanni Rodríguez (disculpeme de ante mano “eminencia” por si se me olvidan las comas, los puntos, los acentos y una excelente redacción pero es que solo soy una simple estudiante opinando 😅) Mario Gallardo el Incondicional del antes ya mencionado, G.R. Entre otros. Con esta “reseña” sólo demuestran el disgusto que les causo el que estos escritores hayan ido a su “territorio” a presentar sus libros que para variar en su página de cultura solo han sido criticados y minimizados a nada. Me pregunto yo? A parte del 20% (que para mi es mucho) de la universidad Nacional Autónoma de Honduras quien más los conoce? Nadie. Deberían de dejarle la crítica a los verdaderos críticos, ustedes juegan a hacerlo. En fin! Ustedes ya aburren con el mismo prototipo de reseña que usan para hablar en mal de estos escritores que al parecer están pendientes de todo lo que hacen (ejemplo de ello es que estaban sentados en primera fila en el evento del que ahora hablan en mal 😂) Una pregunta señor Gallardo, usted es tan perfecto que no existe una tan sola critica no constructiva sobre sus escritos publicadas en esta pagina? O es que antes de publicar una reseña sobre los escritos de Giovanni o Suyos tienen que releerlas para que sean de su competa satisfacción? Hablan del “ego” cuando en esta página ustedes mismo se encargan de exaltarse 🤣 por que hay que hablar claro para nadie es un secreto que ustedes son los dueños de tan prestigiosa revista. Deberían de preocuparse más de lo que transmiten a los estudiantes y jóvenes de este país con estas reseñas que hacen por que solo fomentan el odio, la supremacía entre ustedes mismo, la desunión, el rechazo, la falta de respeto y solidaridad, vivan lo que escriben, por que al parecer no lo hacen, en vez de dejar un buen legado con todo su conocimiento a la Honduras de acá y de allá lo único que hacen es buscar su propio prestigio diciendo que escribieron tantos libros mal escritos y diseñados, que se olvidan de la verdadera esencia de el por que un escritor escribe, reflexionen! Pueda que ustedes sean mucho más intelectuales que yo pero no se ocupa tener tanta lógica para saber que ustedes con su página no buscan más que satisfacer su vacío y necesidad de ser admirados 🤷 atte. Una estudiante cansada de ver como se repite lo mismo en país, juzgan tanto a el estado de Honduras y su gobierno, cuando ustedes hacen lo mismo.

  2. Luis says

    Excelente artículo.

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