La novela del fútbol en Honduras

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Fiebre sin fin. El último gol es una novela de Galel Cárdenas (San Pedro Sula, 1945) publicada originalmente en 1998 por la Editorial Argos. En ella se cuenta de manera lineal la historia de Joel Briceño, un empedernido aficionado al fútbol que acude al estadio a presenciar el partido clasificatorio de su selección para la Copa Mundial. Mientras el encuentro se desarrolla, Briceño tomará una terrible decisión.

La obra se divide en dos partes, en las que se observa un lenguaje muy trabajado, que busca la sugerencia y la imagen poética a través de la metáfora. Cárdenas insinúa parte de los aspectos relacionados con sus personajes, como la procedencia de los miembros del colectivo nacional, por ejemplo, o la caracterización del protagonista y sus datos más significativos. Asimismo, ciertos diálogos irrumpen en el relato del narrador. Sin embargo, el texto está repleto de metáforas, la mayoría prescindibles debido a su nulo aporte y a lo cansino de las mismas, y el uso de adjetivos resulta también excesivo. Ya lo dijo Huidobro en su “Arte poética”: “el adjetivo, cuando no da vida, mata”. Quizás lo anterior se deba a esa búsqueda ya mencionada.

Varios recursos y técnicas, como alternar la acción de un personaje con lo que ocurre en su entorno, la sinestesia o la anticipación narrativa, se utilizan apenas una o dos veces, menos de lo que resulta deseable. El ritmo del relato tropieza cuando aparece el personaje Cat Boy, y el final de la novela parece muy apresurado, con poco sustento para un hecho de gran magnitud.

Es probable que no sea la mejor obra de Galel Cárdenas, pero en ella se percibe a un autor versátil, especialmente al referir las acciones del juego, con una prosa que evita la mera descripción y lo explícito. Además, en Fiebre sin fin… se reúnen los distintos aspectos de la idiosincrasia del hondureño en torno al fútbol. Debería ser una lectura obligada para esos comentaristas deportivos incapaces de hilvanar oraciones aceptables o para los que acuden siempre a la frase hecha durante las transmisiones de los partidos.

Es preciso señalar que para efectos de esta reseña se utilizó la edición de Letra Negra Editores de 2005, una publicación deficiente, con errores de puntuación, de ortografía (pp. 21) e incluso de nombres como “Santiago Bemabeu” (pp. 64). El mayor de los pecados está en la contraportada, en donde escuetamente se anuncia el hecho fundamental de la novela. De este modo se impide una secuencia en la historia y se perjudica la intriga. Con ello también se desaprovecha lo sugestivo de la portada.

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