Buscando a Bähr

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Entre los autores hondureños contemporáneos con mayor renombre se encuentra Eduardo Bähr. Su obra es lectura imprescindible. Siendo estudiante en la Escuela Superior del Profesorado mostraba -junto a un joven Julio Escoto- rasgos de talento que le auguraban una carrera prometedora en las letras. Sus primeros cuentos fueron publicados en la revista de dicha institución (hoy Universidad Pedagógica Francisco Morazán) y fueron -según el mismo Bähr- meros “ejercicios literarios”. Estos son “Signo mayor” y “Signo menor”.

En 1969 aparece Fotografía del peñasco, que motiva de inmediato el reconocimiento al autor  por su dominio del oficio literario en un texto armado de ejercicios de estilo. Quizá en esa época Bähr buscaba un estilo propio y vio oportuno, como un actor joven (también había incursionado en el cine), interpretar distintos papeles para saber si la comedia o el drama era lo suyo. Aunque en su caso ambos se le dan bien.

Dos años después publica El cuento de la guerra, que agrupa cuentos situados en el contexto de la guerra con El Salvador mientras desnuda su inhumanidad. En esta obra se resalta al Bähr artesano, aquel que tiene en la mesa del taller sólo las herramientas que utilizará en su creación. En este punto el autor se consagra como uno de los narradores más importantes de los últimos años en Honduras.

Con Mazapán (1982), El diablillo de Achís (1991), Malamuerte (1997) y El niño de la Montaña de la Flor (2004) presenta una imaginación pirotécnica y genuinamente entusiasta ante la vida, como los niños suelen hacer con naturalidad. El estilo de la literatura infantil en estos relatos se forma por la conjunción de la picardía, la inocencia y la amistad en espacios regionales donde estos rasgos son la base de la convivencia. Sin embargo, estos cuentos infantiles parecen una suerte de parada momentánea mientras esperamos al Bähr más afortunado, el de las obras pasadas.

En una ocasión le preguntaron a Rulfo por qué no escribía más y él, masticando a regañadientes la respuesta (como solía hacer) respondió que las historias se las contaba su tío Celerino, quien ya no vivía. Con la misma impaciencia los lectores esperábamos el regreso de Bähr. En 2015 la espera concluyó con la publicación de La fiesta umbría, que en su portada se anuncia como “el regreso de uno de los mejores narradores hondureños de todos los tiempos”. Monterroso en “El zorro es más sabio” de La oveja negra se burla de los que esperan una obra reprochable de un escritor exitoso, pero como se trata del zorro no publica más porque se siente satisfecho con sus logros.

En comparación a las demás obras de Bähr, La fiesta umbría es apenas su sombra. “Cinema clámer” recuerda a “La niña que nace” de Fotografía del peñasco por la relación de las perspectivas, que en el primero se realiza entre los capítulos, mientras que en el segundo se lleva a cabo a través del desarrollo de la trama, con mayor provecho en éste. En cambio, en

“Tarzán de los gorilas”, “El cuento de la guerra” y “Los héroes de la fiebre” de El cuento de la guerra las perspectivas de cada uno crean un sentido mayor para la obra.

“La fiesta umbría” es simplemente erótico. Punto. Por otro lado, “La loto” contiene fragmentos oníricos recreados desde el enfoque de las tomas cinematográficas de la angustia de un comprador de lotería. “Mise en scène” (o “puesta en escena”) divide el monólogo de un asesino en escenas, como en el teatro, pero sin diálogos. Este cuento recuerda al empleo del monólogo interior de las cartas de “Los héroes de la fiebre” o, en menor manera, a “Las mismas naúseas” de Fotografía del peñasco. “Esquela para Paris” es una crítica al modelo juvenil de la cultura estadounidense, que en la actualidad se manifiesta a través de los influencers, aunque no sea tan satírica como “La alcachofa es un caso de silogismo” o “Yo sería incapaz de tirarle una piedra” de Fotografía en el peñasco. Por último, el autor entrega en el epílogo un análisis de un poema de Óscar Acosta.

Quizá La fiesta umbría surge de la afición de Bähr por el cine, rama del arte que estudió y trabajó muchos años. Todos recordamos Buscando a Nemo, esa película sobre un pez payaso llamado Marlin que se enfrenta a los peligros del océano para encontrar a su hijo Nemo. En 2016, luego de trece años de espera, presenciamos el regreso de los peces, esta vez para buscar a Dory. Asimismo, once años después de la publicación de El niño de la Montaña de la Flor aparece La fiesta umbría para marcar el regreso de Bähr a la escena literaria, aunque no sea lo que esperábamos. Quién sabe, quizá Bähr no fue como el zorro de Monterroso o ya no cuenta con su tío Celerino o simplemente se ha perdido –como Nemo- en una corriente del océano.

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