Un libro que lleva al mar del sur

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Tras preguntarle sobre su reciente experiencia como participante en la XIV edición del Festival Internacional de Poesía Abbapalabra, de México, el poeta hondureño Marco Antonio Madrid (San Nicolás, Santa Bárbara, 1965), empieza a responder, más que con palabras, con una sonrisa plena, que probablemente constituya la mejor forma de materializar lo que luego trata de explicar con tres adjetivos: sorprendente, maravilloso y admirable.

Lo de “sorprendente” quizá tenga que ver con el hecho de haber realizado tres lecturas ante un público de unas dos mil personas. “Ahí uno se da cuenta de que la poesía es algo inherente a los seres humanos. Que la gente atienda de esa manera una convocatoria significa que la belleza, el arte, es una cuestión que no se limita a unos pocos”, dice.

Era gente de todas las edades, agrega Madrid, “pero a todos los unía la avidez, el fervor por la poesía”. Un fervor que también él probablemente le transmitió a ese público al leer piezas como “Poema para recordar una infancia”, de su segundo libro, La secreta voz de las aguas. Ese poema, recuerda, ya lo conocían, pues fue parte de la selección que envió a los organizadores del festival y que estos distribuyeron antes de la llegada de los poetas.

“Maravilloso”, dice Madrid, y quien lo conoce sabe que adjetivos así no salen de su boca o de su pluma con frecuencia, y el hecho de que lo utilice esta vez para referirse en general a ese encuentro de poetas en México quizá se deba al recuerdo de instantes como aquel de la mañana del martes 25 de septiembre en una preparatoria del DF, donde pudo constatar que ese descenso suyo del “Olimpo de la poesía” a la tierra de los lectores podía permitirle ver acercarse a un grupo de jóvenes que le expresaron su agradecimiento por compartir con ellos un poema que, según le manifestaron, los había tocado de una manera distinta.

Madrid, que antes de esta ocasión en México sólo había participado en otro encuentro literario, el del Festival Internacional de Poesía Los Confines, en Gracias, Lempira, pues, “no había tenido el ánimo necesario” en las ocasiones anteriores en las que fue invitado a eventos similares, se refiere al festival Abbapalabra, que dirige el costarricense afincado en México Álvaro Mata Grillé, como un evento admirable. “No había nada que se dejara al azar, todo estaba muy bien planificado”, asegura.

Un ejemplo de eso, agrega, es que “en muchos lugares (institutos, universidades) nuestra poesía ya era conocida. Los estudiantes ya nos habían leído, así que no llegamos a romper el hielo sino a leer ante personas que tenían un contacto previo con nuestra poesía. Y eso dice mucho de la organización del evento”.

En una de esas lecturas le pidieron que hablara sobre Honduras y él se refirió a esta tierra de nombre profundo y luego a la hermandad que siempre ha existido entre los territorios de la actual Centroamérica y México. “Al hablarles yo de esa cercanía, me referí finalmente a mis dos pasiones: la poesía y México” y ahí, refiere con evidente e imprevista emoción, “el público se levantó, aplaudiendo”. Ese era el poeta hasta ese momento receloso probando lanzar al aire unos versos que se habían mantenido agazapados entre las páginas de sus primeros dos libros. Porque “la idea del festival es sacar al poeta de su ensimismamiento y llevarlo a dialogar con la gente”, dice, “y eso hace que la poesía sea algo más de lo que ya es”.

Fue una semana de mucha actividad para el poeta: unas diez participaciones, entre lecturas y conversatorios, en preparatorias, universidades y en distintas comunidades cercanas al DF.

Nuevo libro

El nuevo libro de Marco Antonio Madrid, Palabras de acerada proa, salió de imprenta hace poco, en los días previos a su viaje a México, bajo un sello editorial de reciente fundación: El Fuego y la Salamandra, y es el tercero en la producción poética de Madrid, después de La blanca hierba de la noche (2001) y La secreta voz de las aguas (2010).

El libro, compuesto por dos partes con un total de 22 poemas, evoca, como en los dos anteriores, algunos temas ya conocidos del autor vinculados a la filosofía, la mitología griega, la literatura y su propia biografía, esos “sustratos múltiples” que constituyen “los rasgos esenciales de la poética de Marco Antonio Madrid”, como asegura la académica Sara Rolla.

“El mito, la historia, la filosofía, son depósitos de signos que siempre han sido utilizados a la luz de la poesía para su incesante transformación”, dice el poeta. Por eso no resulta extraño observar que en este nuevo libro se aluda a Parménides de Elea, a Livio Andrónico, a Anacreonte de Teos, a Homero o a Pitágoras. “Los elementos clásicos en mis poemas son símbolos que remiten a una verdad existencial en el hombre”, explica.

El mar, que en este caso es el del Golfo de Fonseca, al sur de Honduras, es también un motivo recurrente en el libro. “Yo conocí el mar en el sur; por eso algunos de los poemas de la primera parte del libro responden a esas abstracciones”, informa el poeta, y agrega: “Para mí la belleza del paisaje en el mar del sur desemboca en el misterio”.

Madrid “logra captar bien el mar que es, como suele decirse, el principio y el fin de todo. El mar es muerte y renacimiento, es donde yace nuestro origen y, para los seguidores de Jung, símbolo de la agonía y del cierre del ciclo de la vida”, apunta el crítico Hernán Antonio Bermúdez respecto a este tópico de la poesía de Madrid.

El mar es, quizá, ese paisaje que el poeta imagina en el poema “Una casa en el sur”, y este libro, Palabras de acerada proa, que se presentará próximamente al público en San Pedro Sula, bien podría ser también esa casa que el hombre recuerda haber habitado, una casa de “paredes altas, ventanas anchas y una puerta/ que daba al mar/ y al oleaje continuo de los días”. Una casa de palabras finamente acabadas.

Lea aquí tres poemas sobre el mar de Marco Antonio Madrid.

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