Memorias de un tipo con mala suerte

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Ciertos temas en la literatura resultan difíciles de plantear, uno de ellos es la guerra y sus consecuencias emocionales. Pese a tratarse de un tema recurrente, son pocos los autores capaces de convertir un suceso trascendental para un pueblo en una obra literaria. El salvadoreño Miguel Huezo Mixco ha sido uno de esos casos excepcionales escribiendo una obra en la que el conflicto armado está presente en el contexto narrativo, pero sin convertirlo en un instrumento de propaganda o crítica social.

Camino de hormigas es una novela publicada en 2014 por la editorial Alfaguara, en la que un cuidador de caballerizas en California y sobreviviente de la guerra civil salvadoreña narra los pasajes más importantes de su vida durante y después de esa guerra. Se trata de un relato construido de una forma particular, fragmentada, donde cada capítulo coincide con el nombre de una ficha de lotería escogida al azar. No hay un orden cronológico de los hechos, lo que hace que cada historia pueda leerse por separado sin que se pierda la relación entre ellas.

La situación bélica constituye un escenario que, si bien no se convierte en el centro de atención principal de la novela, logra crear sentimientos de empatía en el lector, que se conmueve ante esa cruda realidad de la que fueron víctimas cientos de salvadoreños. Destaca la imagen de un país miserable abatido por la guerra, el hambre y el miedo, pero que conserva la esperanza de superar la adversidad y alcanzar la condición de un Estado justo que ofrezca mejores posibilidades a sus habitantes.

Es una novela alejada de toda pretensión y apegada a la sencillez, que permite visualizar a un Huezo Mixco consciente de la problemática de su país pero también comprometido con la literatura como expresión artística, de ahí que el producto final sea capaz de provocar en el lector visiones muy claras de una época terrible y, a la vez, de mostrar las habilidades del autor para la construcción de sus personajes a través de una escritura límpida, de grandes alcances expresivos.

Los personajes que desarrollan esta historia suponen uno de los encantos principales de Camino de hormigas pues son seres atormentados por la guerra y que se encuentran en la búsqueda de una razón lo suficientemente poderosa para mantenerse vivos en medio de las circunstancias. El protagonista, cuyo nombre real es desconocido, es un sobreviviente desafortunado, perseguido por los recuerdos y los fantasmas de numerosas mujeres que bien pudieron existir o ser la metáfora de una sola y sus diversas facetas: “No me preguntés quién es la mujer que cruza alguno de los episodios de este relato. Tampoco existió. Ella es muchas mujeres a la vez” (pp.26).

Sean reales o ficticias, estas amantes determinan una etapa en la vida del protagonista; una de ellas es Martha, su primera mujer, que solo se menciona en la carta dirigida a H. P., pero que resulta trascendental para definir la personalidad del primero a lo largo de su carrera militar. Begoña, la española, es otro personaje femenino recurrente, con quien el protagonista mantiene amoríos por mucho tiempo y que también deja una huella profunda en él, convirtiéndose en un recuerdo agridulce.

Una particularidad que comparten las mujeres con este personaje protagónico, y no solo las mencionadas anteriormente, es el hecho de que tarde o temprano ellas lo abandonan. Esta característica es un punto importante de la novela; el hombre está siempre acompañado, pero al final retorna a la soledad, una especie de estado permanente del cual le resulta imposible escapar. Su último intento de una vida normal lo hace con Pepa, pero obtiene los mismos lamentables resultados: ella se va dejándolo convencido de que no existe la redención completa para él y que su destino es la soledad y la clandestinidad. Este capítulo lo cierra con la determinación de alejarse y romper vínculos con los lugares en los que fue tan desgraciado:

“Lo decidí en aquel momento: “Me iré lejos, muy lejos, donde nadie pueda encontrarme”. Alguien ha dicho que cuando se arroja una flor al río se sueña con todos los lugares por donde ella pasará antes de alcanzar el mar. No es verdad” (pp. 153).

La novela explora la necesidad de preservar los recuerdos y, principalmente, lo difícil que resulta vivir con ellos. Un relato complejo en su temática pues, aunque no pretende convertirse en una historia más sobre la guerra, logra que el lector reflexione sobre este tema desde una posición libre de toda ideología impuesta, ya que los personajes y las imágenes que logra crear el autor a partir de las situaciones narradas poseen una fuerza semántica que apunta a las emociones de quien las lee.

El efecto de las imágenes es posible gracias a la construcción de los capítulos que comienzan describiendo una consecuencia o suceso posterior a un hecho importante para luego retroceder y explicar cómo sucedió; un buen ejemplo de esto se encuentra en el capítulo “La piedra”:

“La mosca se introdujo en uno de los orificios de la nariz del muchacho. Jamás la habría mirado de no ser por las luces que apuntaban directamente a su rostro. El bicho bailoteó en la cavidad y alzó vuelo con un zumbido perceptible, tal era el silencio” (pp.83).

La descripción de la mosca bailoteando sobre el rostro del cadáver despierta la atención del lector, que se enfoca en descubrir la causa que llevó a esta escena contada al principio. Del mismo modo, otros capítulos poseen una estructura similar basada en regresiones.

Camino de hormigas es una novela que logra apoderarse por completo del interés del lector y demuestra nuevamente el potencial literario de los autores centroamericanos actuales. Su autor, Miguel Huezo Mixco, posee una visión innovadora y un estilo limpio, sencillo y capaz de abarcar los temas más sensibles y complejos de la condición humana.

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