El exilio constante en Xibalbá, Texas

1

En el poemario Xibalbá, Texas, Premio Rogelio Sinán 2013-2014 en Panamá, Leonel Alvarado desarrolla el tema del exilio al que han sido empujados los habitantes de los actuales territorios centroamericanos, especialmente de Honduras. Este éxodo nace a partir de las migraciones ocurridas alrededor de los siglos IX y X, y que continúa en la actualidad con los viajes de los hondureños en busca de mejores condiciones de vida en Estados Unidos, ese “norte” al que denomina “el mito mayor”.

El exilio ha sido un tema frecuente en la literatura en tiempos de convulsión política en que muchos autores se han visto en la necesidad de abandonar la patria para salvaguardar sus vidas. Esta condición se refleja en obras que tienden a la denuncia de las dictaduras, al llamado en favor del desprotegido, de la víctima de la tiranía o la añoranza hacia la nación perdida.

Es necesario categorizar el tema, debido a que ha tenido diversas formas de desarrollo. Los escritores han hecho su obra, por ejemplo, desde el exilio. Otros, en cambio, la han escrito cuando ya han vuelto al país de su procedencia. También sucede el caso del que escribe en un país en el que se siente perseguido y necesita huir de él.

Cualquiera que fuera el caso, es evidente que en el autor queda una huella del suceso. Adolfo Sánchez Vázquez dice que el exilio es como una constante que permanece en el individuo que lo ha sufrido: “El exilio es (…) una herida que no cicatriza, una puerta que parece abrirse y nunca se abre (…) el exiliado descubre con estupor, primero con dolor, después, con cierta ironía más tarde, en el momento mismo en que objetivamente ha terminado su exilio, que el tiempo no ha pasado impunemente, y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un exiliado”.

Pero el modo en que Alvarado expone el tema se aleja un poco de autores como Rafael Alberti, por ejemplo, ya que el poeta hondureño no coloca una voz personal o no centra los motivos del poemario como algo íntimo, sino que utiliza a sus coetáneos, sin particularizarlos, y la historia de los mismos. Sin embargo, no está demás aclarar que desde hace mucho tiempo Alvarado no reside en el país, y quizá esta situación facilite su postura de verlo desde la lejanía.

En este sentido, el destierro viene a ser uno de los motivos centrales del poemario, que desde el título vincula el pasado y el presente de un mismo problema; dos notas de prensa, a manera de epígrafe, ahondan en esta idea, ya que la primera refiere el por qué de la desaparición de las ciudades mayas (la sequía) y la otra informa sobre el hallazgo de un contenedor con cadáveres de inmigrantes.

Se entiende, entonces, que ambas partes comparten un idéntico destino. Allan Luna dice al respecto: “Luego se contrasta a los descendientes con sus ancestros respecto a la causa que motivó su migración al norte: la necesidad. Los contemporáneos necesitan mejorar sus condiciones de vida y los antiguos necesitaban encontrar fuentes de agua”.

El libro está dividido en varias partes, siendo la primera, “Xibalbá, Texas”, la que se centra en este tema. El Diccionario de la Lengua Española define el “exilio” como la “separación de una persona de la tierra en que vive”, y en los poemas de este apartado se acude a ello. El titulado “1”, por ejemplo, comienza de forma tajante al decir que “El sur se hizo para abandonarlo”, que a la vez funciona como una suerte de bosquejo, junto al “2”, en el que se detallan la sordidez del terreno, el trágico destino del que nace en él y la única esperanza que queda: “El norte es el mito mayor, el mapa / tatuado en la frente del que no se resigna / a tirar la última semilla entre la zarza”.

A la vez palpita un reclamo social, característico en la poética de Alvarado, que no incurre en la denuncia, propia de la literatura comprometida; es más un clamor general ante la indiferencia de un hecho que se antoja milenario:

            Al sur no se le quieren sus espinas,

            sus remolinos de polvo y de hojas secas,

            el final triste de todos sus retoños.

            (…)

            Al sur se le reclama el desconcierto

            de la semilla que, esperando gotas,

            sueña su derecho a robles milenarios.

Estos cuestionamientos llegan al borde de lo existencial, en donde el yo poético se plantea incluso la duda de si su país o su geografía conocida fue hecha solo para dejarla: “¿El sur se hizo para abandonarlo?”.

Xibalbá, Texas tiene un poder simbólico enorme, desde el título, como se ha mencionado antes, se prevé una cierta relación entre antepasados e hijos. La capacidad sintética de Alvarado es inconmensurable, ya que en cada verso entrelaza destinos:

            De los que se fueron quedó el sedimento

            nos dicen los expertos. Sin el contenido de titanio

            no podríamos saber que unos se extraviaron en Yucatán,

            otros se asfixiaron en un contenedor abandonado en Texas

            (…)

            Algunos expertos dicen que no fue la sequía

            sino el cierre de un ciclo definido con precisión matemática

            en el calendario. Cosa natural. Viejísima costumbre

            que llevó a unos a congelarse en el estrecho de Behring

            y a otros a calcinarse en el desierto de Sonora.

También contextos y tiempo:

            El contenedor hervido a ciento treinta grados farenheit

            salió después de la sequía del año ochocientos diez

            (…)

            El calor calcina hasta las fechas. Pero se cuida

            de dejar ese diez por ciento de titanio

            que nos dirá la hora exacta en que se acabó el aire.

Se suele ver en los antepasados, sobre todo en los pueblos precolombinos, rasgos de una identidad americana. En el caso de Centroamérica, la civilización maya tuvo presencia bastante considerable (Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador), además, su cosmogonía fue muy rica. Pero, ¿qué es lo que motiva a los “viajeros” de Alvarado a emprender un viaje en el que acaban calcinados “en el desierto de Sonora” o asfixiados en esa “casa triste” llamada contenedor? La clave está en los epígrafes iniciales.

Se sabe que los mayas sufrieron tres largas sequías, en su época de esplendor, que los motivaron a abandonar sus ciudades y partir en búsqueda de agua. La causa del problema en estos tiempos encuentra explicación en “Una boca”:

            Un taxi empujó a Xibalbá

            al cacique Tolupán que vino a resolver

            disputas de ríos ahogados

            entre papeles del infierno.

            (…)

            Queriendo alcanzar la orilla más lejana del mundo,

            de la plaza de su aldea al sillón de los oidores,

            quedó

            tirado

            a media calle.

            Monumento a su cuerpo

            a la magia y la miseria.

No es casualidad que se utilice a un indígena actual para explicar la miseria que sufren los pueblos o la mayor parte de la sociedad contemporánea. De hecho, en “Uc” recurre a lo mismo, ambos poemas se sustentan en hechos reales que permiten observar el atropellamiento que sufren por parte del Estado, pero más de la indiferencia.

El viaje como herencia se ve vigorizado por imágenes como las de “6”:

            Entre residuos diversos, que el diccionario

            simplifica, hubo uno que rompió la pared de metal

            con su hoja de obsidiana. Con la boca pegada a ese hueco

            soportó las sequías del siglo nueve

            (…)

            Respirando el aire de las montañas de Yucatán

            lo encontraron los indios Tohono en el desierto de Arizona.

            Uno más entre tantos cuerpos que todos los años

            el verano deja regados

            en su reservación.

Raúl E. Romero aporta más sobre la idea del exilio como patrimonio histórico de los pueblos: “El destino del pueblo judío, desde la huida de Egipto, el exilio babilónico, pasando por las incontables diásporas que culminaron en el holocausto, demuestra la consistencia y la transformación del exilio como una condición humana sufrida por millones de personas a través de los siglos y hasta nuestro tiempo”.

Sin embargo, se trata de un legado trágico que acaba de la misma manera: cuando viajan se encaminan hacia Xibalbá, el infierno en la cosmogonía maya, en un recorrido que será lo más cercano que posean de sus antepasados: “Del maya no heredamos la rueda / sino la idea del viaje, nuestro único dominio”.

Si bien no todos los casos pueden terminar de similar forma, el poeta advierte: “Pero el que se va no sacia su sed. / Es un árbol que echa raíces en el aire, / una semilla que brota entre la zarza”. Porque a pesar de encontrarse en otro sitio, no están en libertad: “… Adentro llevan/ dos ciudades: la que dejaron, asfixiada por la sed, / y la que inventaron antes de salir. Dejaron una y buscan otra, / pero no están en ninguna. Siempre en medio, siempre buscando”.

Los versos de Alvarado poseen un tono que apunta a la conciencia del lector, un llamado a la moral, aunque su poética no tenga la energía denunciante que busca culpables, a pesar de que aborda un tema social. No utiliza la palabra “exilio” en ninguno de los poemas, pero se sobreentiende que es por necesidad que los habitantes del sur buscan el norte. Es más, al fenómeno lo denomina “viaje” y a los exiliados, “viajeros”, como una suerte de premonición en la que se sabe que permanecerán de por vida en esa condición.

1 comentario
  1. Gonzalo says

    Clara resonancia de un poema de Juan Bañuelos sobre inmigrantes. Si la memoria no me falla, la evidencia está en “Espejo Humeante”, del autor.

Leave A Reply

Your email address will not be published.