El carácter dicotómico de la educación

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En el análisis sistémico del fenómeno educativo se debe considerar la dicotomía funcional que ésta encarna, ya que se articula con la dimensión política al enmascarar en los programas educativos un sistema de ideas sobre el tipo de sociedad que se quiere conservar o hacia la que se pretende transitar. De esta forma, la educación tiene la función de garantizar que los individuos y sus organizaciones se integren al conjunto social, que asimilen los saberes y la cultura necesaria para desenvolverse en su medio, acorde al orden establecido. En cambio, puede dotar de herramientas teóricas-prácticas que posibiliten la construcción de distintas cosmovisiones, generando así una sinergia hacia el cambio. Es precisamente esta taxonomía la que transmite el carácter dicotómico de la educación, al poder ser conservadora y/o revolucionaria.

En este sentido, el paradigma funcionalista concibe la educación como una institución que opera dentro de la sociedad, como un sistema autorregulador que siempre busca un estado de equilibrio. Por tanto, “La educación es vista como el medio que permite el desarrollo total de los individuos en términos morales, cognitivos y físicos de modo que ellos puedan reunir las necesidades de la sociedad” (La educación: su naturaleza y su función. Durkheim, 1956). Además, presuponen que la desigualdad no sólo es inevitable, sino que es necesaria y beneficiosa para todos, dado que la sobrevivencia de los individuos está asociada a la sobrevivencia y al bienestar de la sociedad en su conjunto (Algunos principios de estratificación. Davis & Moore, 1945).

Por consiguiente, visualizan las reformas en el sistema educativo como un medio para alcanzar ciertas metas, destacándose: la mejora en la eficiencia del sistema educacional a través de una apropiada administración institucional y la introducción de técnicas como el análisis costo-beneficio y el análisis costo-efectividad. Es decir que las reformas educacionales con frecuencia son diseñadas con el propósito de lograr eficiencia, lo cual “encubre no sólo una reducción de la calidad de la educación ofrecida, sino que además intenta incrementar los niveles de productividad en educación, particularmente en el sector público” (La tradición funcionalista y la educación comparada. Welch, 1985). Es precisamente este comportamiento el observado en el sistema educativo hondureño en sus distintos niveles, donde el sistema de educación superior no está exento.

En cambio, desde la perspectiva marxista,“la educación en general depende del nivel de las condiciones de vida y lo que la burguesía pretende por educación moral burguesa refuerza los principios burgueses” (Crítica de la educación y de la orientación. Introducción, traducción y notas de Roger Dangeville. Marx & Engels, 1976). Con lo anterior, Marx sostenía que dentro del planteamiento burgués, la educación se presenta como un medio para el logro de la movilidad social, indistintamente de su posición social, soslayando el componente ideológico inmerso en la lucha de clases, como producto de la división social del trabajo. Al respecto, indagó:

¿Educación popular igual? ¿Qué se entiende por esto? ¿Se cree en la sociedad actual (que es de la que se trata), la educación puede ser igual para todas las clases? ¿O lo que se exige es que también las clases altas sean obligadas por la fuerza a conformarse con la modesta educación que da la escuela pública, la única compatible con la situación económica, no sólo del obrero asalariado, sino también del campesino? (Crítica del programa de Gotha. Marx, 2000).

Y con respecto a la autonomía de la ciencia y la posición de la clase media, escribe:

…hacer de la ciencia ya no un instrumento de dominación de clase, sino una fuerza popular, ser hombres de ciencia ellos mismos, no más proxenetas con prejuicios de clase, parásitos del Estado en la búsqueda de buenos lugares y aliados al capital, sino en los agentes libres de la mente. La ciencia no puede desempeñar su verdadero papel más que dentro de la República de Trabajo (Marx & Engels, 1976).

Lo interesante de la teoría marxista y neomarxista consiste en haberle quitado esa aura de inocencia a la educación, promovida y difundida por planteamientos tradicionales que en la búsqueda de mantener su status quo, le han impregnado un carácter de inocencia y falsa neutralidad. En una convergencia teórica, Ponce, en Educación y lucha de clases (2005), establece que el concepto de la evolución histórica como un resultado de las luchas de clase nos ha mostrado, en efecto, “que la educación es el procedimiento mediante el cual las clases dominantes preparan en la mentalidad y la conducta de los niños las condiciones fundamentales de su propia existencia”. En cambio, Althusser, en Ideología y aparatos ideológicos del Estado. Freud y Lacan, sostenía que la escuela es el principal aparato ideológico del Estado en las sociedades capitalistas maduras, sustituyendo a la Iglesia como resultado de una violenta lucha política e ideológica. Y, ¿por qué la escuela?, se pregunta Althusser; porque la escuela, de manera silenciosa, toma a su cargo a los niños de todas las clases sociales durante los años en los que los niños son más vulnerables y están atrapados entre el aparato familiar y el aparato escolar, para inculcarles con nuevos y viejos métodos habilidades recubiertas por la ideología dominante.

En cambio, Giroux (Teoría y resistencia en educación, 2004) sostiene que la escuela, como institución y como conjunto de prácticas sociales debe ser vista en sus relaciones integrales con las realidades socioeconómicas y políticas de otras instituciones que controlan la producción, distribución y legitimación del capital económico y cultural en la sociedad dominante. Un análisis racional sólo es significativo si se acompaña de una comprensión de cómo el poder y el conocimiento unen a las escuelas con las desigualdades producidas en el orden social amplio. Propone la necesidad de ver a las escuelas como sitios de dominación, pero también de contestación. Por su parte, algunos exponentes de la teoría crítica han enfatizado que el sistema educacional es el espacio en el cual, por un lado, diversas soluciones a los problemas relacionados con la liberación personal y la igualdad social son sometidas a prueba, y por otro, el terreno donde las luchas sociales son libradas. Sobre esa base, Carnoy y Levin (citado en Espinoza Díaz) han argumentado que el análisis crítico debería explicar no sólo el rol de la educación en la preservación de las estructuras sociales en los países capitalistas de manera inalterable, sino también su rol en aquellos cambios sociales que ocurren o deberían ocurrir. Por ejemplo, la educación como fenómeno macro ha sido definido como un instrumento fundamental de cambio en sociedades revolucionarias.

En síntesis, se puede argumentar que las iniciativas referentes a políticas educativas y reformas educacionales deben ser entendidas como procesos de luchas ideológicas y sociales que se manifiestan en distintos contextos.

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