Dialogando con el puma

0

                                                                 “No permitas que mentes semejantes cometan desavenencias”.

Recorriendo los caminos sinuosos de los escasos feudos públicos divisé a la distancia una silueta entre la vegetación, me acerqué sigilosamente y descubrí que se trataba de un puma; por su apariencia comprendí que se encontraba molesto, dubitativo y entristecido. Llenándome de valor y con voz temblorosa le pregunté: ¿qué te sucede, ilustre puma? ¡Oh, es que me siento molesto, triste y frustrado!, respondió. Las cosas no están saliendo como se esperaba en esta ciudadela, pues mis subalternos no se comportan de acuerdo a los principios que rigen mi filosofía de vida, con lo cual dañan mi reputación por satisfacer sus caprichos e intereses mezquinos. He intentado algunas acciones, pero no me han dado resultado.

Disculpa que te interrumpa, le dije, pero como se suele decir en tierra adentro: “las penas compartidas pesan menos”, por esa razón trataré de discutir contigo lo que a mi parecer está sucediendo en esta ciudadela. En primera instancia tus súbditos han estado manejando este lugar bajo el criterio de la parentocracia con un ropaje de semejanzocracia, en donde el criterio de preferencia y favoritismo no se encuentra en la meritocracia, sino en la similitud en la forma de ver el mundo. En términos durkhenianos, sería:

El conjunto de creencias y sentimientos comunes al término medio de los miembros de una sociedad forma un sistema determinado que tiene vida propia: podemos llamarlo conciencia colectiva o común… Es, pues, algo completamente distinto a las conciencias particulares, aunque sólo se realice en los individuos.

En realidad, este concepto alude a las creencias compartidas y a las actitudes morales, que funcionan como una fuerza unificadora dentro de la sociedad, o en nuestro caso, a una o varias parcelas dentro de la ciudadela. Esta fuerza es externa y coercitiva a los individuos, ya que es dominante en relación a la conciencia individual. La que ha sido sometida a través de una especie de síndrome de Estocolmo, en donde los subalternos bajo años de maltrato han desarrollado un vínculo psicológico con su verdugo, y aunque esa relación directa de dominación ya no exista, el lazo de complicidad y sumisión es indisoluble. ¿Cómo se ha concretado esta situación de control?, preguntó el puma. A través de un esquema panóptico, en dónde cada individuo tiene la sensación de ser vigilado por los demás, convirtiéndose en una especie de histeria colectiva, conduciendo al proceso de individualización sustentado en un arquetipo disciplinario diseñado para intimidar. Al respecto Foucault, sostiene:

Este sistema hace que “resista” el conjunto, y lo atraviesa íntegramente por efectos de poder que se apoyan unos sobre otros: vigilantes perpetuamente vigilados. El poder en la vigilancia jerarquizada de las disciplinas no se tiene como se tiene una cosa, no se trasfiere como una propiedad; funciona como una maquinaria. Y si es cierto que su organización piramidal le da un “jefe”, es el aparato entero el que produce “poder” y distribuye los individuos en ese campo permanente y continuo. Lo cual permite al poder disciplinario ser a la vez absolutamente indiscreto, ya que está por doquier y siempre alerta, no deja en principio ninguna zona de sombra y controla sin cesar a aquellos mismos que están encargados de controlarlo; y absolutamente “discreto”, ya que funciona permanentemente y en una buena parte en silencio.

Pero, ¿cuál es el propósito?, susurró el puma. La respuesta se encuentra en la obra El Hombre Unidimensional, de Marcuse, en la que se establece que la unidimensionalidad vivida en la sociedad es el resultado de una dominación del sistema que no deja resquicios para otros tipos de vida. La libertad del hombre[1] se ve condicionada por la imposición de un estilo de vida que ha generado en ellos necesidades creadas. Marcuse habla de una falta de libertad que está camuflada por ese estado de bienestar plagado de necesidades con dosis de irrealidad.  La felicidad del individuo se ve tamizada por la consecución de ese bienestar, sin el cual la persona cree no serlo. Todo acaba relacionándose con la comodidad, dejando de lado la formación de la persona. De este modo, el pensamiento deja de ser libre, está siempre subordinado a lo ya establecido. En pocas palabras, mi estimado puma, existe un acuerdo casi tácito en el que se canjea sumisión por comodidad, lo que no consiente la contradicción, eludiendo la dialéctica de Hegel como fuente del progreso: “La contradicción no debe ser considerada como una simple anomalía que se observa aquí o allí, sino que es lo negativo en su determinación esencial, el principio de todo movimiento espontáneo que no es más que la manifestación de la contradicción”. Lo anterior deja en claro que las mentes colectivas no generan el progreso, porque únicamente la negación de la negación forja cambios cuantitativos y cualitativos; entonces ¿por qué excluir a los contrarios?

Y ¿cómo controlan el poder por tanto tiempo? Comprendo tu preocupación en relación a la distribución del poder en esta ciudadela, apreciado puma; el mismo se ha establecido bajo el tutelaje del compadrazgo y en casos específicos se manifiesta como una especie de testaferrato administrativo, con una suerte de empirismo profesional, emulando un darwinismo social en el que los generalistas desplazan a los especialistas en el proceso de adaptación o asimilación de las normas y valores fundamentados en la sujeción. Te entiendo cuando expresas la similitud de este feudo público con otro, en el que un odontólogo fungía como director de la extinta Dirección General de Transporte. Asimismo, tengo conocimiento de tus esfuerzos en la generación de cambios conducentes al logro de la eficiencia y eficacia en tu importante labor social, cultural, política y económica. Sin embargo, tus acciones han sido manipuladas, como cuando gestionaste el famoso relevo generacional, el cual fue utilizado para desplazar a personas consideradas como adversarios. No obstante, el tiempo es el peor enemigo, sobre todo de aquellos que se consideran imprescindibles, ¿pero en realidad es el deseo de servir el que los mantiene activos? o ¿acaso es su anhelo psicológico del poder? Sea cual fuere, el tiempo determinará si estas personas son recordadas como baluartes en la consecución de la academia o, por el contrario, serán enviadas a una especie de ostracismo social, similar al personaje de El Progreso.

Entonces ¿qué hacer?, replicó el puma. Como nuestro interés se basa en elucubraciones, en primera instancia sería establecer una mayor comprensión del actuar de las mentes pseudodemocráticas (usando el término de Marcuse), plagadas de constricciones fundamentadas en la obtención de comodidades a cambio de pleitesías; por tanto, sólo con la  participación de individuos independientes en su pensar y actuar podrán iniciar un proceso de consolidación de un ambiente que permita la realización del potencial humano. Es decir, como señala Marcuse:

La transformación sólo es concebible como el modo por el cual los hombres libres (o, mejor, los hombres entregados a la acción de liberarse a sí mismos) configuran su vida solidariamente, y construyen un medio ambiente en el que la lucha por la existencia pierde sus aspectos repugnantes y agresivos.

De forma similar, Yu-Li-Zi en la fábula del “Amo de los Monos” sostiene que en el juego del poder muchos se valen de diversos artilugios para aferrarse al mismo. Sin embargo, indica el camino de la liberación. En este sentido, argumenta:

Algunos hombres en el mundo gobiernan a su pueblo mediante tretas y no por principios rectos. ¿No son estos iguales al amo de los monos? La gente no se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les ilumine el conocimiento, las tretas dejarán de funcionar.

En un paralelismo teórico, Montesquieu aborda el proceso para alcanzar la libertad, argumentando que:

…los hombres no son libres porque tengan derechos naturales o porque se rebelen cuando la opresión se hace intolerable; son libres en la medida en que se distribuya y se organice el poder para evitar que se abuse de él, o al menos para reducir este peligro al mínimo.

Nuevamente se hace alusión al proceso dialéctico, en donde la lucha de contrarios permite establecer pesos y contrapesos que guían la participación de los diferentes sectores, fundamentados en procesos transparentes, pluralistas, incluyentes y democráticos. ¿Acaso no ha sido éste el sendero que facilitó alcanzar nuevos estadios de desarrollo? O ¿se nos ha olvidado que en el pasado reciente era ésta la bandera que se enarbolaba? Además, uno de los principios filosóficos que rectora la identidad institucional es el humanismo; sin embargo, cuando se excluyen los opuestos, no implica un proceso abstracto sino un proceso concreto dirigido a seres humanos. Y ¿podrá existir el humanismo sin el ser humano? Considero que no, pues la esencia del humanismo consiste en el reconocimiento de que el ser humano no sufra constricciones de las leyes de la historia, el mercado o la naturaleza, sino que puedan hacerse a sí mismos, a través de su autodeterminación. Si bien Heidegger asume una posición crítica frente a la diversidad de tipos de humanismo, él coincide en subrayar que:

Por muy diferentes que puedan ser estos distintos tipos de humanismo en función de su meta y fundamento, del modo y los medios empleados para su realización y de la forma de su doctrina, en cualquier caso, siempre coinciden en el hecho de que la humanitas del homo humanus se determina desde la perspectiva previamente establecida de una interpretación de la naturaleza, la historia, el mundo y el fundamento del mundo, esto es, de lo ente en su totalidad.

De esta forma, el humanismo consiste en el esfuerzo porque el hombre sea libre para su humanidad y encuentre en ello su dignidad, en la consecución de este ideal es que se diferencian los diversos tipos de humanismo, pues proponen distintos caminos para su realización.

Respetado puma, al convertir esta ciudadela en campos de batalla en la defensa y promoción de intereses particulares y oscuros, ignorando la importancia de tu función en el nivel macrosocial, se ha contribuido a que tus manchas disminuyan la intensidad de luz que irradiaban en el pasado, pues las observo con cierta opacidad. No debes confiarte de la gerontocracia, sobre todo de aquella que en el transcurso del tiempo ha usado diferentes trajes según la ocasión.

[1] El término hombre aquí utilizado es genérico y no se refiere a las diferencias por sexo entre hombre y mujer.

Leave A Reply

Your email address will not be published.