Las aparentes biografías de Roberto Castillo

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La prosa de Roberto Castillo (1950-2008) empieza a transformarse a partir de 1996 con la publicación de su tercer libro de cuentos titulado Traficante de ángeles. En este libro se describen las vidas de personajes ficticios que se mueven en diferentes escenarios de los países centroamericanos y de Estados Unidos. Además, Castillo se apropia de técnicas y elementos narrativos que permiten definir su estilo y aporta a la renovación del género en las letras hondureñas.

Desde el prólogo el autor nos advierte que leeremos biografías; sin embargo, el tono humorístico con el que lo anuncia nos hace pensar que todos los relatos de Traficante de ángeles los incorpora a su propio mundo ficcional: “Este libro debió llamarse Vidas, opiniones y sentencias de genios provisionales. Pero he cambiado el título por otro, menos abarcador y más falsamente barroco…” (p. 7). Precisamente las historias inician con un tono biográfico pero a medida avanza la narración se alude a la vida de otros personajes y se añaden varios hechos digresivos.

El libro tiene doce relatos breves, a excepción de “Esteban Chinchilla Espejol, lacónico reformador del lenguaje”, que es el más extenso, en el que se emplea un lenguaje sencillo, algunas veces culto y otras veces coloquial. Se incorporan frases o palabras en inglés, por ejemplo, en “Josiah Anderson, Traficante de ángeles” se cita un fragmento del poema “Songs of Experience” del autor británico Willian Blake.

Un elemento característico de esta obra de Castillo tiene que ver con el tipo de narrador, pues la biografías presentadas en Traficante de ángeles están narradas, en su mayoría, por un narrador en primera persona, por lo general, un personaje testigo. Sin embargo, el hecho que lo hace particular es que en un inicio el lector cree que las historias se encuentran narradas en tercera persona, pero al continuar leyendo se revela la identidad del narrador incluyéndose como personaje dentro de cada historia, como en “Verónica Weddigen, la del ramito en el pie”: “Allí comprobé también que la ciudad sembraba el rumor de que yo era un espiritista de altos quilates y Verónica la médium” (p. 46).

Otro aspecto importante corresponde a la estructura de cada cuento; en estas biografías, aparte de que el narrador es un personaje, podemos encontrar diálogos que se dan entre el personaje biografiado y otros que están a su alrededor. Así mismo, el protagonismo puede pasar a otros personajes en los que el narrador centra su atención; se encuentran citadas notas de periódicos, como en el caso de “Oscar Bernabé Morales, filósofo de la existencia”; intercambios epistolares, en “Verónica Weddigen, la del ramito en el pie” o “Malcolm Matavedra Padilla, dinámico constructor de catacumbas”; citas de manifiestos, personajes y obras ficticias, como en “Esteban Chinchilla Espejol, lacónico reformador del lenguaje”, “Baltasar Martínez, autor de La perfección sin límites” o en “José Ángel Bracamontes Trigueros, taumaturgo”; y numerosas notas al pie, presentes en todos los relatos.

La hipérbole y la comicidad son elementos que, al igual que en otros libros de cuentos de Castillo, destacan en Traficante de ángeles. Con el relato “José Fausto Escamilla, inventor” pueden ejemplificarse estos recursos: “Resultó tan efectivo que, mientras experimentaba, una masa enloquecida de acrídido se dejó venir hacia la bodega que servía de laboratorio y taller. Inundó ese lugar hasta el punto que, en cosa de minutos, el inventor se vio naufragando entre una sustancia verdosa que le llegaba arriba de la cintura”. (p. 62)

La intertextualidad es otro recurso frecuente; se alude a obras tanto de la época medieval como contemporáneas, de este modo aparecen El cantar del Mio Cid, Los cantos de Maldoror del poeta Isidore Ducasse (más conocido como Conde de Lautréamont), El laberinto de la soledad de Octavio Paz, entre otros. Parte de este aspecto del intertexto nos remite a la erudición de Roberto Castillo, pues no sólo se centra en sus propios personajes sino que se vale de referentes universales para contextualizar sus relatos, de manera que todas las obras citadas ayudan a configurar el mundo ficcional del autor.

Los temas que encontramos en los relatos de Traficante de Ángeles son recurrentes en la narrativa de Roberto Castillo; sin embargo, el modo de emplearlos es diferente. En este caso se da por medio de las biografías y de las diversas digresiones que encontramos en los textos. De este modo se alude a la temática del servicio militar obligatorio y las dictaduras, la idea de la invención, la crítica social, la religión, la política y la literatura misma. Sin embargo, estos tópicos no son lo más trascendente en las narraciones, sólo cumplen una función contextualizadora.

En “Martín Mora, caudillo montañés” y en “Esteban Chinchilla Espejol, lacónico reformador del lenguaje” se reflejan los temas del militarismo y la dictaduras. Pero ambos tienen sus particularidades, en el primer caso, es donde más se enfatiza la crítica social y la crisis política. En el segundo, Castillo utiliza ese tema para crear un contexto, pues el tema que más sobresale es el del lenguaje, donde se construye una teoría lingüística[1] por parte del personaje biografiado; no obstante, en este relato se encuentran muchos pasajes digresivos y toman relevancia otros aspectos como la Segunda Guerra Mundial. Precisamente Castillo construye, en algunos de estos relatos, un mundo ficcional a partir de ese acontecimiento histórico universal. Otros cuentos en los que el autor nos remite a este hecho son “Cristóbal Achí Salazar, vengador de su madre” y “Malcolm Matavedra Padilla, dinámico constructor de catacumbas”. En cuanto a la temática de la religión, aunque no es tan aludida, se percibe en “Josiah Anderson, Traficante de ángeles” y en “Esteban Chinchilla Espejol, lacónico reformador del lenguaje”.

La literatura también es incluida como tema y se refleja con mayor precisión en el relato “Baltasar Martínez, autor de La perfección sin límites”. En este cuento toma como relevancia la obra escrita por este personaje. Más que relatar acontecimientos de su vida, se llega a analizar el significado del libro. Castillo hace un aporte renovador con este cuento, puesto que transmite cierta filosofía de vida y crítica social por medio de los personajes y la obra ficticia La perfección sin límites:

La perfección sin límites es un tosco breviario de sabiduría profunda, una guía moral para la vida (…). Baltasar Martínez sostuvo que la doctrina del perfeccionamiento ilimitado solo podría extenderse allí donde existiesen gobiernos capaces de orientar con mano fuerte el bien de los hombres, y que el pueblo siempre debe entregarse sin reservas a la voluntad de su caudillo” (p. 97-98).

La idea de la invención, construida anteriormente en el “El inventor” de Figuras de agradable demencia y que encontraríamos después en “La máquina de soñar” de La tinta del olvido, se refuerza en el cuento “Gaetano Gonzales, descubridor de primigenios” y en “José Fausto Escamilla, Inventor”.  En relatos como “Narciso Torres Mirall, Alcalde mayor, anno dimini MMCCLXXVII” y “Josiah Anderson, Traficante de ángeles” notamos que los personajes discurren por distintas ciudades centroamericanas, e inclusive ciudades de Estados Unidos, europeas y orientales.

Un aspecto importante es el carácter biográfico de los relatos. Castillo juega con el recurso de la biografía y cuestiona la vida de los personajes, además, muchos de los datos que se relatan son referidos por otros personajes, como en el relato “Josiah Anderson, Traficante de ángeles”: “Debe ser un dato falso, porque ningún detalle de su conducta posterior reveló jamás que hubiera sido pandillero” (p. 12); “Don José Noé era el único que a veces obtenía noticias. Por él supe, por ejemplo, que Josiah se dedicó a una vida de vagabundeo en las montañas del Norte” (p. 36).

Roberto Castillo continuó dejando muestras de su creatividad en los cuentos de Traficante de ángeles, y de esta manera configuró una narrativa que se incluye dentro de la literatura vanguardista de Honduras; con la construcción de su propio mundo ficcional y el empleo de recursos formales poco comunes en la narrativa regional, es un ícono del cuento contemporáneo en Honduras y Centroamérica.

[1] Esta teoría lingüística se basa en una simplificación del lenguaje, es decir que, de acuerdo con el personaje biografiado, en el español se utilizan demasiados vocablos redundantes para explicar una idea o pensamiento, de modo que se trataría solamente de evocar aquellas palabras necesarias que conformarían un lenguaje sólo con elementos esenciales para la comunicación.

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