Identidades. ¿Puede un hombre apropiarse de algo abstracto?

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Palabras robadas, de Brian Klugman y Lee Sternthal/ Reparto: Bradley Cooper, Zoe Zaldana, Olivia Wilde, Jeremy Irons y Dennis Quaid/ Duración: 97 minutos/ Año: 2012.

Afiche de la película.

Cualquiera de los títulos con que se le conoce a esta película (el original es The words; en España fue nombrada El ladrón de palabras; y en América Latina como Palabras robadas)conduce al espectador a la comprensión instantánea sobre lo que trata el asunto.

La cinta, dirigida por Brian Klugman y Lee Sternthal, presenta una trama de género dramático en la que las palabras del hombre, como tal, toman una postura esencial a lo largo del filme, aunque no gira específicamente en torno a algo tan básico.

Confluyen aspectos literarios con la producción cinematográfica, que es extraordinaria, tomando en cuenta diversos detalles a los que aludiré más adelante.

Marcando el primer hito en la experiencia de Klugman y Sternthal como directores, Palabras robadas puede considerarse como su magnum opus debido a la clara riqueza tanto en su trama como en la forma en la que es presentada al público a través de excelentes recursos cinematográficos.

Con actores de renombre como Dennis Quaid y Bradley Cooper, poseedores de una vasta trayectoria en el cine y en la televisión, Klugman y Sternthal –quienes además de dirigir la cinta son también los guionistas– presentan el valor contenido en las palabras, materia prima de la literatura, y cómo esas pueden conducir al hombre hacia la fama y la riqueza, llevándolo también a olvidar incluso su postura previa a la obtención de dichas vanidades, así como a la apropiación de identidades ajenas.

El filme tiene una estrecha relación con la literatura –y si sus espectadores están familiarizados con ese arte sentirán un gusto mayor en comparación con aquellos que no lo están–, y de ésta acoge elementos indispensables y los acuña en su producción cinematográfica; uno de ellos es el narrador. La película no presenta sólo, como es frecuente, diversas acciones contenidas en una secuencia de imágenes y diálogos entre los personajes, sino que recurre a un narrador presente, visible ante los ojos de la audiencia, es decir, que no es sólo una voz casi imaginaria, haciendo que el público descifre por sí mismo los hechos en el transcurso de la película.

A medida que dicho narrador –que a su vez forma parte de los personajes– relata el primer capítulo de una novela escrita por sí mismo, los directores optan por escenificar los pasajes que expone. Es primordial que el espectador sepa diferenciar entre los saltos de escena, sobre todo al momento en el que una segunda historia toma lugar, y luego otra, y éstas se alternan. Así, en una especie de juego de “cajas chinas”, se presentan algunas pequeñas historias, relacionadas entre sí, dentro de la narración principal. Esas “pequeñas historias” finalmente orientan la historia inicial. Ese recurso eleva el modo descriptivo a un grado mayor.

Los actores Bradley Cooper y Zoe Zaldana en una escena interpretada en París.

El tiempo dentro del mundo ficticio del filme es no lineal. El hilo lógico de la historia es intervenido constantemente y por ende ocurren cambios de un escenario a otro. Se traslada al espectador desde la historia inicial de la novela, que está siendo leída para un público dentro de la película, a la propia escenificación, y dentro de la misma se hace otro cambio de escenario en la ciudad de Nueva York, retrocediendo hasta llegar a poco tiempo después de que acabase la Segunda Guerra Mundial, a unos hechos que tienen lugar en París.

La cinta presenta elementos muy bien conocidos en el mundo literario, como las vicisitudes por las que deben atravesar los autores previo a la publicación de sus obras, el rechazo de las editoriales o la gravedad del plagio y cómo éste afecta la vida de quien lo comete y la de quienes están a su alrededor.

En cuanto a la musicalización, es de conocimiento general que el fin de la banda sonora en el cine es agregar ese detalle que nutra el sentimiento del público, que lo intrigue e incluso le provoque las mismas emociones de los personajes, y se establezca así un apego hacia ellos. Marcelo Zarvos no podría haber hecho una elección más apropiada del elemento musical, que aporta la posibilidad de que el espectador experimente una especie de sentimiento compasivo hacia los personajes de la película.

A pesar de ser un tanto predecible desde su inicio, no puede negarse el gusto que se puede advertir a medida el filme avanza, y el interés que despierta en el público por saber “qué pasó después”, aunque el final no es tan claro y puede generar diversas interpretaciones.

Desde la literatura y la pasión por las letras, hasta el romance y la Segunda Guerra Mundial, Palabras robadas es una cinta repleta de diversos recursos tanto cinematográficos como literarios, en los que se plasman elementos indiscutiblemente humanos, como el dolor, el amor, el enojo, el talento y la búsqueda de la fama, que llevan al espectador a vivir una historia auténtica y estremecedora.

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