Males congénitos

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“Masticar mierda produce mal aliento”. Horacio Castellanos Moya

Diversos pasajes de la vida adulta de Ludwing, un álter ego del autor, conforman los quince capítulos de Autobiografía de un hombre sin importancia (2012). Estos hechos, narrados en primera persona, van del hurto de una revista, confrontaciones con los padres hasta la obtención gratuita de diversos ejemplares de literatura. Se trata del primer libro de Ludwing Varela (Tegucigalpa, 1984).

La voz del protagonista a veces tiende al soliloquio, en otras partes hay un vuelco hacia la narración en tercera persona. Los cambios del tiempo verbal son constantes; pero debido a las falencias de Varela, sus pocos aciertos resultan golpes de ciego en lugar de recursos utilizados con conciencia. Y es que el autor demuestra la poca seriedad con la que afronta el oficio literario; de entrada, se empecina en cometer todas las faltas ortográficas, de redacción y de sentido común posibles.

Las redundancias no faltan: “métela dentro” (pp. 15), “aprovechaba para aprovecharse” (pp. 17), “pero no obstante” (pp. 30), “me hizo sentarme” (pp. 88); las ausencias de comas tampoco (pp. 15, 16, 17, etc.); lo mismo sucede con las tildes: “platica” (pp. 16), “algunos amigos se alejaron de mi cuando […]” (pp. 24), “quien” (pp. 25), etcétera; y qué decir de las mal colocadas: “acóstate” (pp. 36); también hay mayúsculas indebidas (pp. 36, 44, etc.); nombres propios con inicial minúscula (pp. 37); errores de concordancia: “las agujas del reloj se movía […]” (pp. 56), “y las letras o cualquier arte, es […]”; frases hechas: “espectáculo dantesco” (pp. 111), “romper el hielo” (pp. 120); otros que se explican gracias al desconocimiento de las categorías gramaticales: “de” por “dé” (pp. 96), “él hombre” en lugar de “el hombre”, etc.; también separa el sujeto del verbo: “La comida, es exquisita” (pp. 35).

Además, los personajes no están desarrollados a profundidad, y la confusión de voseo-tuteo permea el texto entero. Por otra parte, se reiteran las ideas y la información ya proporcionadas. Hay varias oraciones subordinadas que entorpecen el sentido de la lectura; párrafos en los que al lector se le recomienda leer, tanque de oxígeno en mano, con precaución. También se le invita a estar pendiente de las innumerables oraciones en las que la preposición “de” no aparece (como un esfuerzo digno de reconocer de no incurrir en dequeísmos).

Lo anterior demuestra que la fauna literaria nacional es a cabalidad esa “viña del Señor” en la que cabe de todo, un sitio al que llegan “obreros” responsables, dispuestos a ofrecer lo mejor de su trabajo, y también los más holgazanes. No está demás señalar aspectos del argumento, pues Varela luce incapaz de crear lo que McEwan denomina “la espina dorsal de una historia”. En consecuencia, ciertos capítulos no tienen ningún vínculo argumental de peso, especialmente los primeros, y muchos pasajes son inverosímiles. Su finalidad podría ser la materialización por escrito de las experiencias u ocurrencias del autor. La literatura no es un depósito de fantasías para engrandecer la figura propia: ya existen los hilos de Twitter, los posts de Facebook o las historias de Instagram.

El poco interés por los recursos narrativos y el descuido en la corrección del texto sugiere que algunos se toman a la ligera la etiqueta de “escritor”, “poeta” o “literato”, según sea la necesidad, dejando ver que la publicación del libro en cuestión corresponde a uno de tantos requisitos para alimentar el ego y denominarse como tal ante la familia y los amigos. Sin embargo, lo único que logran es evidenciar un sinfín de males congénitos que cada vez se heredan más y más. Tal vez muchos deberían imitar el ejemplo de ese poeta al que tanto admiran —cuanto antes mejor—, el francés Rimbaud, quien a tierna edad abandonó las publicaciones literarias y se dedicó a otros asuntos, salvando las diferencias, por supuesto.

A pesar de todo, este libro de Varela proporciona muy buenas recomendaciones sobre literatura inglesa, francesa, italiana y rusa.

1 comentario
  1. Izamar says

    Muy interesante esa anarracion

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